La cuestión palestina vuelve a la ONU
Paralizado el diálogo por la paz en Medio Oriente, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) hizo un movimiento de alto impacto: anunció que pedirá a la ONU ser reconocida como Estado.
Paralizado el diálogo por la paz en Medio Oriente, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) hizo un movimiento de alto impacto: anunció que pedirá a la ONU ser reconocida como Estado. La iniciativa del presidente de la ANP, Mahmud Abbas, apunta a volver la vieja cuestión Palestina al foro multilateral de la ONU, dado el estancamiento de las negociaciones bilaterales con un mediador parcial como Estados Unidos.El debate se realizará el próximo martes en el Consejo de Seguridad y se anticipa que el pedido será vetado por Estados Unidos, en una acción que será eco de la voluntad israelí.Si así ocurre, la ANP puede solicitar el estatus de Estado Observador. Ese pedido se gestiona en la Asamblea de la ONU y las perspectivas son positivas. Ya reconocieron a la ANP como Estado unos 126 países, más de los necesarios para aprobar una resolución en ese sentido.En un mensaje dirigido a su pueblo, Abbas advirtió que la potencial aprobación de la propuesta no terminará con la ocupación israelí ni suplantará las negociaciones que se deberán seguir llevando adelante. "Nuestra iniciativa no apunta a deslegitimar a Israel, que es un Estado de pleno derecho; nuestra intención es deslegitimar la ocupación israelí", explicó.A pesar de la simpatía que puede despertar esta iniciativa entre quienes están convencidos de que el pueblo palestino debe tener su propio Estado, en el marco de pleno reconocimiento y de respeto a la integridad y seguridad del Estado de Israel, el anuncio molestó a varios actores de este drama.Irritó al gobierno de Benjamin Netanyahu, que considera esta estrategia como un intento de aislarlo internacionalmente. El camino hacia la paz pasa por las conversaciones bilaterales y no por la ONU, sostiene Israel. No sería de extrañar que se aplicaran represalias financieras, o que se concretaran las amenazas del canciller Avigdor Lieberman, de cambiar el estatus de Jerusalén Oriental y de los asentamientos en Cisjordania. Una comisión internacional encabezada por Tony Blair intentó esta semana obtener algún gesto del gobierno israelí lo suficientemente serio para frenar a Abbas (como suspender la construcción de asentamientos, por ejemplo), pero no tuvo éxito. Y todo esto con los países árabes y musulmanes a su alrededor en procesos de rebelión teóricamente democráticos y con valiosísimos aliados como Egipto y Turquía que cuestionan en forma muy dura sus políticas hacia los palestinos. La iniciativa de Abbas debe haber molestado particularmente al gobierno de Barack Obama, que recibirá un alud de críticas internacionales si aplica el veto. La cantidad de reconocimientos que recibió la ANP como Estado palestino muestra cuál es la actitud a nivel internacional respecto de este tema.También el movimiento islámico que gobierna la Franja de Gaza molestó a Hamas. La iniciativa implica riesgos, dicen desde Hamas, que en realidad queda en segundo o tercer plano como jugador, sin haber aportado nada positivo para el bienestar de su pueblo.La iniciativa, en cambio, será bien vista en los países árabes y musulmanes, en varios de los cuales se viven procesos revolucionarios que prometen una renovación democrática largamente esperada. La causa palestina ha sido siempre un argumento de las autocracias y dictaduras de la región para justificar el conflicto permanente y la represión. También ha sido y es una legítima bandera de los pueblos árabes y musulmanes en general. Sus gobiernos no estuvieron a la altura de las circunstancias con los palestinos y son, en parte, responsables de la situación que padecen. Por otra parte, hay que prever que, suceda lo que suceda en la ONU, si Israel endurece aún más su posición, el conflicto con sus vecinos puede agravarse. En un escenario volátil como el presente, esa posibilidad es muy peligrosa. En bajada. Sí hay un hecho irrefutable: hace poco menos de dos décadas que las negociaciones prometen mucho pero no llevan a ninguna parte. El esfuerzo más serio, el Acuerdo de Oslo, en 1993; seguido del Acuerdo de El Cairo, en 1994, que le dio cierta autonomía a los palestinos, fueron los últimos logros concretos. Después, todo fue en bajada. La Cumbre de Camp David, en el año 2000, convocada por Bill Clinton y en la que participaron Ehud Barak y Yasser Arafat, generó enormes expectativas, pero terminó en un fracaso. Los israelíes achacan a Arafat no haber tenido el coraje de firmar un acuerdo posible. Los árabes explican que la propuesta de Estado palestino de Camp David implicaba aceptar un territorio fragmentado, con ciudades israelíes en su interior conectadas por carreteras controladas por Israel.No hay otra explicación a la política de asentamientos que esa: fragmentar el territorio palestino para hacer inaceptable cualquier acuerdo.La jugada de Abbas conlleva sus riesgos para los palestinos y también para Obama, el presidente en campaña, obligado a hacer equilibrio permanentemente con un Congreso en el que los republicanos son mayoría en la Cámara de Representantes. Pero lo cierto es que la situación de los palestinos es intolerable y tiene que tener una solución que no comprometa la integridad ni la seguridad de Israel.

