La crisis tiene cara de hereje
Europa propone austeridad, flexibilización y ajuste. Estados Unidos advierte que ese camino no lleva a la recuperación. Alejandra Conti.
El ministro de Trabajo italiano no quedó muy impresionado por las multitudinarias manifestaciones realizadas esta semana en su país contra las medidas anticrisis del gobierno. "Es como protestar contra la lluvia. El ajuste es inevitable", dijo Maurizio Sacconi.
La respuesta, tardía, del gobierno de Silvio Berlusconi a la crisis, que amenazaba con arrasar a Italia después de Grecia y España, fue un recorte presupuestario de 25 mil millones de euros en dos años. No hay forma de que por ese camino se llegue a la creación de empleo, como reclaman los gremios. Más bien todo lo contrario, porque los recortes llegarán a los sueldos, las jubilaciones y los subsidios. O a la edad de retirarse, como propone el presidente francés.
Los indicadores estadísticos aseguran que, a pesar de las fotos que vemos todos los días, la eurozona (formada por 16 países) se está recuperando levemente. Algunos países muestran mejores índices de crecimiento que otros, según datos de la agencia Eurostat. Ese crecimiento fue de 0,2 por ciento en el primer trimestre de 2010. Un crecimiento mínimo, pero crecimiento al fin.
En marzo de 2010, el desempleo seguía siendo alto, de un 10 por ciento. Este índice varía mucho de un país a otro dentro de la eurozona.
España sigue llevándose la peor parte, con un 19,1 por ciento. Entre los jóvenes españoles la tasa de desempleo sube al 40 por ciento, lo que le da al problema proporciones de drama social.
Otros países tienen también índices de dos dígitos, como Francia, Grecia, Portugal, Irlanda y Eslovaquia. Holanda no supera el 4,1 por ciento. En el marco de la crisis pasa inadvertido, pero los holandeses lo consideran preocupante.
El remedio que los gobiernos europeos proponen para combatir la crisis es austeridad y ajuste, en ese orden. Los sindicatos protestan, la gente sale a la calle, pero no se ofrecen otras opciones. Parece que ha llegado la hora de decir adiós al Estado de bienestar. ¿Y qué hay a cambio? La supervivencia del más apto. El individualismo convertido en doctrina económica.
Europa vs. EE.UU. Europa compite contra Estados Unidos por el puesto de primera potencia económica mundial. Cada uno acumula el 20 por ciento del producto interno bruto (PIB) mundial. Y son estos dos actores los que protagonizan el principal cruce en la cumbre del G-20, que finaliza hoy en Canadá.
Ambos difieren sobre cómo impulsar el incipiente crecimiento y reducir el déficit al mismo tiempo.
Obama les reclama a los europeos que limiten los recortes presupuestarios y que generen planes sostenibles de crecimiento.
"Las economías del mundo están inextricablemente unidas", dijo el presidente estadounidense. Dependen demasiado uno de otros, los dos bloques, y de socios comunes. Si Europa se estanca, el comercio del mundo también lo hace.
Obama llegaba a la cumbre con la victoria del acuerdo legislativo para la mayor reforma de la regulación del sistema financiero desde los años 30. Todo un logro, sobre todo teniendo en cuenta el fracaso estrepitoso que le pronosticaba la oposición. El gobierno demócrata espera ahora que no se vuelvan a crear las condiciones que llevaron a la crisis financiera de 2008.
Los europeos, por su parte, llegaron a Canadá convencidos de que las impopulares medidas que tomaron son siempre menos peor que la crisis griega convertida en terremoto regional.
Esgrimen para esto que los recortes se hacen en medida proporcional al PIB de cada uno de los países. Esto no va a traer de vuelta los beneficios sociales que los europeos siempre disfrutaron. Todavía, acotan los optimistas que creen que sí; que en algún momento todo volverá a la normalidad de la seguridad que da una red social a cargo del Estado.
Las tensiones intraeuropeas parecen demasiado serias. Los conflictos y protestas sociales pueden ir a mayores. Pero esto es nada comparado con el sentimiento de conformismo o temor que hace sentir que todo cambio puede ser para peor.

