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Joven exespía puso en jaque a Obama

Héroe o villano, Edward Snowden ha desnudado una trama que amenaza con crecer y acorralar al gobierno demócrata.

11 de junio de 2013 a las 12:22 p. m.
Antonio Caño (El País, de Madrid)
Joven exespía puso en jaque a Obama
Piden por él. Con marchas y petitorios, se expresó ayer la solidaridad en Nueva York hacia Edward Snowden (AP).

Un joven de 29 años, Edward Snowden, ha empujado a Barack Obama contra las cuerdas en la que ya es la peor crisis de su presidencia, con múltiples implicaciones políticas y diplomáticas que hacen presagiar dificultades todavía mayores en las próximas semanas. Snowden, el responsable de las filtraciones sobre la vigilancia secreta de las comunicaciones, está ahora en algún lugar, quizá de Hong Kong, a la espera de encontrar un refugio seguro o de que las autoridades norteamericanas y chinas decidan sobre su futuro.

La identificación de Snowden, un subcontratado de la CIA para sus servicios de espionaje informático, dejó en estado de shock a toda la clase dirigente, no sólo a la Casa Blanca, sino al resto de funcionarios y hasta al Congreso.

Obama, a la defensiva desde que se conocieron a fines de la pasada semana los programas secretos de espionaje masivo, se encuentra ante una situación imposible: actuar contra Snowden, intentando su captura y procesamiento, supone abrir una guerra contra quien puede ser pronto reconocido como un héroe; pasar por alto una filtración de semejante relevancia, sin embargo, no parece una opción viable.

Catalogado ya como un mero continuista de la política antiterrorista de su antecesor, Obama puede complicar aún más su posición, ya sea como el perseguidor de un adalid de la transparencia o como el negligente mandatario al que se escapan los secretos de Estado.

Un hombre con una computadora y los adecuados accesos ha puesto en jaque a los servicios secretos, a la clase política y, en cierta medida, a los poderosos medios de comunicación estadounidenses, todos ellos a la deriva tras la audacia de Snowden, del diario que le dio cobertura, The Guardian , y del principal autor de esas informaciones, Glenn Greenwald, un abogado y bloguero experto en derechos civiles que desde el año pasado es columnista del periódico británico.

Hay aún muchos interrogantes en esta historia, pero esas preguntas tienen, por el momento, importancia menor en comparación con la magnitud de los secretos que Snowden sacó a la luz y con el hecho mismo de que un subcontratado de segundo nivel sea capaz de acceder a esos secretos.

Con su gesto algo suicida, Snowden puso en evidencia, al mismo tiempo, el abuso de poder de un gobierno que actúa a espaldas de los ciudadanos, la prolongación de las estructuras y métodos de seguridad implantados por el anterior Ejecutivo, la indisciplina dentro de los servicios secretos y la vulnerabilidad de estos. Hay que recordar que en estos momentos está en marcha el juicio contra el soldado Bradley Manning por filtrar secretos a WikiLeaks.

El caso de Snowden es algo distinto al de Manning, aunque ambos confiesan que actuaron en beneficio de la democracia y de los intereses de los ciudadanos de Estados Unidos. "Cuando te das cuenta de que el mundo que ayudaste a crear va a ser peor para la próxima generación y para las siguientes, y que se extienden las capacidades de esta arquitectura de opresión, comprendes que es necesario aceptar cualquier riesgo sin importar las consecuencias", dijo Snowden en un video publicado por The Guardian . The Washington Post también entró en contacto en los últimos días con él, que había adoptado el nombre en clave de Verax, pero el diario informó ayer que una persona registrada como Snowden había abandonado el hotel de Hong Kong en el que se alojaba hasta ahora. El pasado de Snowden refleja su pasión por la intriga y las gestas. Se sumó al ejército en 2003 para participar en la guerra de Irak, pero lo abandonó poco después, según él, decepcionado por las prioridades y la filosofía militar. Otros medios indican que fue dado de baja tras romperse las dos piernas en un entrenamiento.

Comenzó ahí un peregrinaje entre varias compañías privadas que asisten al gobierno en espionaje, fenómeno característico de la seguridad en la última década. La última compañía, en la que aún actuaba, es Booz Allen Hamilton, que en 2012 facturó al gobierno 1.300 millones de dólares por asistencia en misiones de Inteligencia. Antes, había trabajado como infiltrado de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) en la Universidad de Maryland, y como especialista informático de la CIA en Ginebra y en Japón. Hasta mediados de mayo, cuando dejó el puesto con la excusa de un problema personal para trasladarse a Hong Kong, tenía su base en Hawai con un salario de 200 mil dólares anuales.

Todo bajo control

Registro de llamadas. El 5 de junio, "The Guardian" publicó una orden emitida por el Tribunal de Supervisión de Inteligencia Extranjera, que exigía a la compañía telefónica Verizon la entrega a la Agencia Nacional de Inteligencia (NSA) del registro de decenas de millones de llamadas de sus clientes. El mandato no autorizaba a conocer el contenido de las comunicaciones ni los titulares de los números, pero sí permitía el control de la duración y el destino de esas llamadas.

Internet. El 6 de junio, "The Guardian" y "The Washington Post" develaban la existencia del programa secreto de vigilancia Prism, que autorizaba a la NSA y al FBI a acceder a los servidores de nueve de las empresas de Internet más importantes del país, entre ellas Microsoft, Google, Facebook o Apple. Mediante esta práctica, instaurada en 2008, el gobierno accedió a archivos, chats, audios, videos, correos electrónicos o fotos de sus usuarios. El gobierno aseguró que sólo se investigaron datos de extranjeros que residían fuera de Estados Unidos.