Hillary, la única que puede frenar a Donald Trump
La exsecretaria de Estado aceptó anoche la candidatura demócrata, tras recibir la confianza de Obama para seguir su legado. El presidente dijo que la primera candidata a la Casa Blanca vencerá a quien sólo ofrece odio.
Filadelfia. El mando del Partido Demócrata cambió de manos el miércoles por la noche, cuando Hillary Clinton subió al escenario junto a Barack Obama y ambos se abrazaron mientras miles de personas aplaudían de pie. "Gracias por este viaje increíble", acababa de decir el presidente en el pabellón de Filadelfia donde se celebró hasta anoche la convención demócrata. Era el principio del fin de una época, los dos mandatos y ocho años de Obama, el primer presidente negro de Estados Unidos. "Que continúe".
El abrazo selló el traspaso de poderes entre Obama y la candidata demócrata, su antigua secretaria de Estado. En un discurso en el que citó al ícono republicano Ronald Reagan, Obama contrapuso su visión optimista de un país que progresa, pese a las dificultades, con la visión tenebrosa del candidato del Partido Republicano, Donald Trump.
Obama presentó a Hillary como la mejor garante de que su legado se preservará. Confía en ella, explicó, porque la ha visto trabajar y sabe que, desde el primer día, estará lista para ejercer de comandante en jefe. Ve en ella la candidata que conecta con los ideales estadounidenses, que Trump vulnera con su retórica xenófoba y su nostalgia de una nación que nunca existió.
Lo que está en juego, en opinión de Obama, es más que una alternativa entre dos partidos con programas distintos: Estados Unidos afronta en noviembre una decisión no entre izquierda y derecha sino casi existencial, en la que están en juego los valores norteamericanos e incluso la democracia. De un lado, argumenta Obama, una política experimentada y fiable: más que ningún otro candidato en la historia, dijo. Del otro, un magnate excéntrico, muy alejado de la idea de Estados Unidos como país diverso e inclusivo que tiene el optimismo en su ADN. Un hombre que “sólo ofrece eslóganes y miedo”, un “demagogo autóctono”, un “salvador autodeclarado que promete que él sólo restaurará el orden”.
Obama vaticinó que Trump perderá en noviembre porque no entiende a Estados Unidos y menosprecia al pueblo.
Los discursos de Trump, la semana pasada en la convención republicana que lo coronó en Cleveland, y el de Obama en Filadelfia son la historia de dos países, o mejor, de dos galaxias distantes y sin puntos de conexión. Buena parte del discurso del presidente fue un intento de desmontar el retrato apocalíptico de Estados Unidos como una “escena del crimen” y un país dividido, en vez de “la ciudad brillante sobre la colina” que en su discurso de despedida, en enero de 2009, citó Reagan.
Obama dijo que “el resentimiento, la culpa, la irritación y el odio” que se escucharon en Cleveland no tienen nada que ver con los Estados Unidos reales.
“Lo que nos hace estadounidenses es lo que está aquí”, afirmó Obama señalándose el corazón. “Por eso cualquier persona que amenace nuestros valores, sean fascistas o comunistas o yihadistas o demagogos autóctonos, al final siempre fracasará”.
Según él, Trump denigra a Estados Unidos cuando dice que ha dejado de ser un gran país, y con Trump, el partido de la patria y la bandera, el del llamado excepcionalismo americano, ha dejado de ser el Partido Republicano y hoy es el Partido Demócrata. Hillary Clinton, que anoche aceptó la nominación, es la encargada de liderarlo.
Chelsea, la hija fiel
Siempre en campaña. Chelsea Clinton tenía sólo dos años cuando hizo campaña por primera vez con su padre, Bill, para la gobernación de Arkansas, un tierno respaldo que mantuvo durante su adolescencia y edad adulta. Anoche, volvió a subir al escenario para presentar a su madre, Hillary, a quien ayudó a que se convirtiera en 2000 en la primera mujer senadora por Nueva York y a quien cree hoy "la persona mejor preparada" para la presidencia.

