Habitantes del sur piden mano dura
Casi la única rutina que se mantiene estos días en Ashkelon es la carrera a los refugios antibombas.
Ashkelon. Casi la única rutina que se mantiene estos días en Ashkelon es la carrera a los refugios antibombas. Aquí, como en el resto del sur de Israel, la vida se rompió cuando el asesinato del jefe militar de Hamas avivó el lanzamiento de cohetes palestinos. Apenas 13 kilómetros separan Ashkelon de Gaza. Es la ciudad más próxima a la Franja y sus 130 mil habitantes hace años que conviven con la amenaza de proyectiles. Los vecinos piden mano dura al gobierno de Benjamin Netanyahu y una invasión terrestre si hace falta. En Ashkelon, las calles están vacías. Apenas se ve a algún que otro inmigrante etíope, que recoge la basura. Parte del movimiento se concentra bajo tierra, en el centro de emergencias subterráneo, que está abierto las 24 horas y es donde llaman los ciudadanos ante cualquier incidente.Yossi Greenfield dirige el centro de operaciones. Vive pegado a un aparato que le avisa cada vez que milicias palestinas disparan un cohete. El radar indica la dirección y Greenfield dispara el sistema de avisos. Suena la sirena y empieza la cuenta: 30 segundos para alcanzar el refugio más cercano. Hay públicos, aunque las casas construidas desde los '90 tienen por ley una habitación blindada.Estas precauciones y la falta de precisión de los cohetes palestinos contribuyeron a que en Ashkelon sólo haya habido tres heridos leves desde que empezó esta operación.Benny Vaknin, alcalde de la ciudad, sintetiza el sentir de muchos vecinos: "No queremos una tregua como la de Plomo Fundido. Queremos que los cohetes paren para siempre. Si hace falta invasión, que la haya. Lo que haga falta con tal de que dejen de caer".

