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Grecia aún no ve luz al final del túnel

Pese a algunos datos positivos, la economía sigue preocupando a la población. Habrá elecciones anticipadas.

13 de diciembre de 2014 a las 12:01 a. m.
El País, de Madrid
Grecia aún no ve luz al final del túnel
Entre las cuerdas. El primer ministro, Andonis Samaras.

Atenas. Pese al discurso oficial, ese que asegura, con un par de indicadores económicos positivos, que Grecia ya ve luz al final del túnel de la crisis, Atenas encara días inciertos, sumida en una iluminación mortecina que ni siquiera los adornos navideños consiguen animar.

No es el escaso trajín en las zonas comerciales, ni el tiempo desabrido y caprichoso; tampoco el nerviosismo que se ha instalado en los partidos políticos por la convocatoria anticipada de unas elecciones presidenciales vitales para la estabilidad del país. En el ambiente flota mucho más el cansancio de cuatro años de recortes y la sensación de que, se vote lo que se vote este mes –en tres rondas, del 17 al 29–, nada evitará nuevas dosis de hartazgo, miserias cotidianas y desesperanza.

Sobre todo si a una hipotética elección fallida de presidente sigue la celebración en enero de las elecciones generales, como anunció este jueves el primer ministro, Andonis Samaras, de la conservadora Nueva Democracia (ND).

Algunos datos hablan de una cierta recuperación: récord turístico, con cerca de 19 millones de turistas este año; descenso del desempleo en septiembre o, en fin, el abandono oficial de la recesión de los últimos seis años, con un incremento del PIB del 0,7 por ciento en el tercer trimestre. Razones que en octubre empujaron a Samaras a anunciar que Grecia abandonaría el rescate antes de tiempo.

Pero la empecinada realidad de la crisis y la inquietud suscitada en Bruselas por los últimos acontecimientos políticos imponen su propia versión de los hechos: no sólo se prorrogó el rescate dos meses más, sino que el país despedirá el año en deflación, mientras la Bolsa acumula esta semana más del 20 por ciento de pérdidas por el adelanto electoral.

Al nerviosismo de Bruselas se suma el de la clase política local: nadie da un paso de más, ni hace una declaración sin permiso de la dirección del partido. Nadie habla.

“Intento ser optimista, pero no puedo; no creo en ningún salvador y, de hecho, si hay elecciones generales no sé a quién votaré”, confiesa una periodista ateniense que pide no ser identificada.

"La economía real, la producción industrial y el comercio se congelarán aún más, y la troika pedirá más esfuerzos, mientras los jóvenes siguen yéndose por falta de futuro. Mis dos hijas lo hicieron, una a Francia y otra a Inglaterra. Y ninguna de ellas va a volver, porque su país no tiene nada que ofrecerles", agrega.