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Europa, esa desconocida

No aguantan los estados de bienestar. No aguanta el empleo. Ni las empresas. Menos aún la paciencia de los sufridos ciudadanos. Lluís Bassets.

03 de noviembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Lluís Bassets (El País, de Madrid)
Europa, esa desconocida

La amenaza es de destrucción, declinada en todas sus variantes. Y en cámara lenta, por cierto: a la crisis de nunca acabar se suma la lentitud exasperante con que se trenzan los debates y desgranan las decisiones. Empezó con "Si cae el euro, cae Europa" y ahora estamos incluso en "Si cae el euro cae Alemania". En el último episodio, los conservadores británicos llegaron a tomárselo en serio: ¡Que caiga! El euro, Europa, todo junto... La realidad, en cambio, desmiente tales amenazas. Todo vira al sepia de los años 30, cuando aquella Gran Crisis terminó tan mal, pero ya se ve que el euro aguanta.No aguantan los Estados de bienestar. No aguanta el empleo. Ni las empresas. Menos aún la paciencia de los sufridos ciudadanos, que se indignan por un lado y votan a la oposición por el otro. Pero el euro y la Unión Europa (UE) sí aguantan.No hay destrucción, sino cambio. Cuando termine, todo será distinto. Y no sólo serán distintos el euro y la UE, sino todos sus socios, las relaciones de poder entre ellos y la influencia y papel de los europeos en el mundo.Hace algo más de un año había dudas sobre si el FMI debía acudir al rescate de Grecia o era tarea exclusiva de los europeos. Ahora ya se trata de pedir a China que haga su aporte a la financiación de los rescates.Entonces todavía se hablaba de un directorio de los países más ricos que marcaba el paso a los periféricos, pero poco después quedó reducido a dos, Sarkozy y Merkel, y ahora a uno solo, la canciller, que discute y vota en su Parlamento por la mañana lo que obligará a aceptar a los 17 socios del euro por la tarde.Las instituciones europeas quedaron profundamente modificadas por toda esta tormenta.Desde que entró en vigor el Tratado de Lisboa, a fines de 2009, hasta ahora, crecieron más las estructuras de gobierno del euro que en sus 10 años anteriores: Autoridad Bancaria Europea, Presidencia de la Cumbre del Euro, Junta Europea de Riesgo Sistémico... Las recién creadas –presidente del Consejo Europeo, alto representante de Política Exterior– y las que ya había –la Comisión– no terminaron de encontrar su papel. Y no sabemos en qué terminará y cómo se gobernará el invento: si habrá algo parecido a un Tesoro o a un alto representante del euro.También cambian los países. La crisis ha colocado a cada cual en su sitio. El peso del Tribunal Constitucional, Parlamento y Cancillería alemanes supera al de sus homólogos de cualquier otro país, incluidos sus correspondientes de la UE, que apenas tienen un papel secundario en esta obra.La presidencia francesa, excepcional en sus poderes inventados por De Gaulle, puede morir en el intento. La del Consejo de Ministros italiana ya lo hizo. Con el resto, España incluida, no hay problema: a obedecer y callar.Cuando termine todo, habrá que hablar de nuevo de democracia.