Estrategias de seducción electoral para un mayo sin perfume francés
Sarkozy se derechiza cada vez más y hace guiños al lepenismo. De cara al balotaje, habla de reforzar controles fronterizos para preservar "la identidad nacional" o "los orígenes cristianos" de los franceses. Marcelo Taborda.
Se trata nada menos que de 6.421.802 de votos, representativos del 17,9 por ciento de los sufragios emitidos el domingo en la primera vuelta de las presidenciales de Francia. Ése fue el caudal de Marine Le Pen, del ultraderechista Frente Nacional, cuyo liderazgo heredó de su padre, el xenófobo Jean Marie. Los votos que fueron a la ultraderecha en el primer turno son ahora un botín apetecible para François Hollande –candidato socialista que terminó primero con 28,63 por ciento de los votos– y acaso imprescindible para Nicolas Sarkozy –actual presidente que fue segundo en la primera vuelta, con 27,18 por ciento de sufragios–. Con cierto disimulo, en el caso de Hollande, o de manera abierta y casi desesperada, por parte de la Unión por un Movimiento Popular, la fuerza conservadora de Sarkozy, los rivales del balotaje del próximo 6 de mayo tratan de seducir a quienes apoyaron a la ultranacionalista. Para captar esos votos, Hollande y Sarkozy parten de estrategias disímiles e interpretaciones a veces opuestas. El actual presidente derechiza cada vez más sus discursos y ayer consideró que el voto por Le Pen fue un "voto de crisis". Como primer guiño al lepenismo, Sarkozy opinó que Francia no puede seguir recibiendo extranjeros, propuso reducir a la mitad el número de inmigrantes que ingresen cada año y prometió un examen de francés a todos los que pretendan habitar suelo galo, en un cóctel xenófobo, efectista y pleno de estigmatizaciones con que su gobierno pretende expiar culpas propias pasándolas a otro. Tras su derrota del domingo, el presidente habla de reforzar controles fronterizos para preservar "la identidad nacional" o "los orígenes cristianos" de los franceses. Hollande también envió una señal al electorado de Le Pen en el primer turno, cuando dijo que hubo votantes de izquierda que habían hallado en la candidata que acabó en tercer lugar la mejor forma de expresar su ira por la falta de respuestas sociales. El aspirante socialista, favorito en las encuestas para llegar al Palacio del Elíseo, eligió zonas industriales golpeadas por un creciente desempleo para afirmar que esa desocupación y falta de oportunidades potenciaron la ansiedad de electores que mostraron su bronca con el voto al Frente Nacional (FN). Más allá de este análisis, elaborado con suficiente cautela como para no quedar pegado a una fuerza que presume de su intolerancia, Hollande se colocó en las antípodas de su contrincante y prometió regularizar a todos los inmigrantes sin papeles. Y es que el candidato socialista no soslaya que fue en los suburbios de grandes capitales, como el parisiense de Clichy-sous-Bois, poblados de jóvenes hijos de extranjeros y sin futuro, donde obtuvo un apoyo que triplicó al de Sarkozy. En Saint Denis, uno de los epicentros de las revueltas de fines de 2005, Hollande logró casi el 46 por ciento de los votos del domingo y su más inmediato seguidor fue Jean-Luc Mélenchon, del Frente de Izquierda, detractor de los mercados y las instituciones que imponen recetas de ajuste, quien obtuvo casi el 22 por ciento. Hollande ya cuenta con el aval explícito de Mélenchon –cuarto el domingo con algo más del 11 por ciento– y de la ecologista Eva Joly –sexta, con el 2,5–. El centrista François Bayrou, quinto, repartiría su caudal del ocho por ciento en partes similares. Con perfil difuso. Sarkozy es quien tiene más urgencias. Por eso cada mensaje y gesto del mandatario de aquí hasta entonces tendrán como destinatario al votante de la ultraderecha. El perfil de ese votante parece difuso: por un lado, se sitúa en zonas rurales del país, pero también aparece en bastiones conservadores del norte y del rico sudeste francés. En lo que atañe a la edad, están antiguos seguidores de Jean Marie Le Pen, pero también jóvenes golpeados por la economía. Todos ellos revelan escasa formación o estudios. Un último sondeo indicó que un 60 por ciento de los que votaron a Le Pen lo haría por Sarkozy el 6 de mayo; el 25 sufragaría por Hollande y el 15 por ciento restante se abstendría. Le Pen deslizó que no haría sugerencias a sus seguidores, pero luego admitió que podría inclinarse por un voto en blanco, lo que sería lapidario para el actual jefe de Estado. Así, la blonda dirigente ultra apuntaría a convertirse en líder de la oposición. La incógnita del FN sería develada el 1º de mayo, cuando Le Pen rinda homenaje a Juana de Arco.Para ese mismo día, en París, Sarkozy pretende congregar a una multitud de "verdaderos trabajadores" en un acto que opondrá a las marchas convocadas por sindicatos para el Día del Trabajador, en apoyo de Hollande, y como despedida anticipada del esposo de Carla Bruni.El próximo mayo francés no promete utopías, sueños imposibles, ni proclamas revolucionarias. La crisis que jaquea toda Europa ha cambiado las consignas y mucho más.

