Entre ratas, mulas y nostalgias de un genocida
Tres exabruptos registrados esta semana en distintos países dan muestra de la enorme intolerancia que pueden manifestar las clases dirigentes.
Un alcalde, un legislador y un presidente de tres países distintos abonaron esta semana ese exuberante inventario de exabruptos que los hombres del poder sacan a relucir cuando chocan con algún obstáculo a la hora de sacar adelante sus proyectos o cuando piensan que los micrófonos están apagados. Cansado de las manifestaciones populares que corroen su poder desde fines de mayo, el jefe de Estado turco, Recep Tayyip Erdogan, calificó de "ratas lamentables" a quienes se oponen a su plan de levantar un enorme centro comercial en el Parque Gezi, uno de los últimos pulmones verdes de la gris Estambul."Aquellos que pretenden tratar sus problemas con el gobierno desarticulando la economía turca, no se diferencian en nada de unas ratas lamentables que intentan hacer agujeros en un barco que transporta a 76 millones" de ciudadanos turcos, expresó el mandatario, quien explotó al enterarse de una propuesta planteada por una asamblea popular de Estambul. La consigna insta a sus miembros a no consumir nada durante seis meses. "La idea de derrocar al gobierno causando un colapso de los comerciantes es bárbara", recriminó Erdogan.Mientras tanto, un legislador republicano de Estados Unidos, en medio de las negociaciones para sacar adelante la postergada reforma migratoria de Barack Obama, no tuvo mejor idea que trazar un paralelo entre los estudiantes indocumentados que luchan por su legalización en el país con "mulas" de droga que atraviesan la frontera con México. Según los incendiarios cálculos de Steve King, por cada joven sin papeles que se gradúa de la secundaria "hay 100 que cruzan la frontera portando drogas".Estos comentarios no sólo desataron críticas del oficialismo demócrata, sino también de sus pares republicanos. El presidente de la Cámara Baja, John Boehner, señaló que "es posible tener desacuerdos de forma honesta en torno a políticas sin recurrir a un lenguaje odioso", mientras que el líder de la mayoría republicana en esta cámara, Eric Cantor, considero que "esos comentarios son inexcusables".Ante las recriminaciones, King no sólo no se arrepintió de su exabrupto, sino que contraatacó en una entrevista con la CNN: "Pensándolo mejor, uno por cada 100 me parece una cifra conservadora".Otro que no se atemoriza ante las críticas, pese a su muestra de ignominia y desprecio, es Gilles Bourdouleix, alcalde de Cholet, una ciudad francesa ubicada cerca de Nantes.Este funcionario, quien además es diputado del partido Unión de Demócratas e Independientes (UDI, centroderecha), expulsó el domingo a un grupo de gitanos de un campo de propiedad municipal en donde habían instalado sus caravanas. Mientras se marchaban del lugar, algunos se despidieron de Bourdouleix con el típico saludo nazi. Entonces el alcalde dijo entre dientes: "Quizá Hitler no mató suficientes gitanos".El funcionario no contaba con que los micrófonos de la prensa captarían la triste frase, que ahora puede costarle una sanción parlamentaria, la expulsión de su partido, un juicio por "apología del crimen contra la humanidad", 45 mil euros de multa y cinco años de cárcel."Si me expulsan de mi partido otros se vendrán conmigo", desafió el alcalde, un añorante de los tiempos en que funcionaba, a sólo 60 kilómetros de su ciudad, el campo de concentración de gitanos de Montreuil-Bellay. Unas tres mil personas permanecieron confinadas allí entre 1941 y 1945. Para Bourdouleix no fueron suficientes.

