Entre cumbres, eleccionesy festejos bicentenarios
La integración latinoamericana es cada vez menos discutida como imperativo. Marcelo Taborda.
Tiempo de cumbres, cambios y bicentenarios en el continente de las posibilidades. También de elecciones que consagrarán nuevas figuras y, acaso, otros rumbos en el rompecabezas de una región que da pasos y señales hacia una integración más real y menos declamada, aunque no todos se apasionen por ella.
El chileno Sebastián Piñera, uno de los recién llegados a la foto de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), dijo ayer en Madrid, al cabo de la Cumbre Unión Europea-América latina (UE-AL), que esperaba que el próximo encuentro tuviera "respuestas del siglo 21". El presidente que puso fin a 20 años de gobiernos de la Concertación dijo estar a favor de una integración que no se construya dando "viejas respuestas a viejos problemas".
La posición de Piñera, compartida por Alan García en Perú o el presidente saliente de Colombia, Álvaro Uribe, refleja la crítica de la derecha del continente a lo que considera "excesiva ideologización" o "escaso pragmatismo" a la hora de construir espacios comunes. Desde esta posición se señala que la unidad continental debe construirse con acuerdos económicos, antes que políticos, y negocios comunes inmediatos, en lugar de proyectos a largo plazo.
Antes del terremoto de febrero, Piñera convocaba a la "generación del bicentenario" a convertir a Chile en "el mejor país del mundo". La naturaleza abortó su plan antes de que asumiera.
El desliz que el ecuatoriano Rafael Correa tuvo al omitir la bienvenida a su par chileno como nuevo miembro de la "familia" hubiera podido interpretarse como un ninguneo inconsciente a quien se supone políticamente en las antípodas, sino fuera porque también se había obviado el recibimiento al flamante presidente uruguayo, José "Pepe" Mujica.
El ex guerrillero tupamaro, al resaltar el costo político interno que para él implicaba avalar a Néstor Kirchner como secretario general, aclaró que asumía el desafío en aras del interés superior de la unión continental.
En esa reunión, el venezolano Hugo Chávez rememoró la derrota y el "entierro" del Alca, en la cara de George W. Bush, durante la Cumbre de Mar del Plata. Y el presidente boliviano, Evo Morales, definió la designación del secretario como la elección del "primer presidente de Sudamérica". En Bogotá y Lima, no tendrían igual postura.
Más allá de divergencias expuestas y disimuladas, quedó la imagen del abrazo de Kirchner con Luiz Inácio Lula da Silva, quien elevó el liderazgo regional de Brasil entre las potencias emergentes. Pero Brasil irá a elecciones en octubre y aunque las últimas encuestas situaron el lunes al frente a la oficialista Dilma Rousseff, también es posible un triunfo del opositor José Serra, quien ya disparó discrepancias con el actual Mercosur.
Con marchas y contramarchas, la integración latinoamericana es cada vez menos discutida como imperativo. Está por verse si los proyectos sobrevivirán al adiós de quienes los cimentaron y si la unión se impondrá a los matices que surjan de las urnas en los días por venir. Claro que a veces esos "matices" amenazan con desandar un camino al que nunca le faltaron piedras ni escollos.

