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Enfermos de poder

Los ex presidentes de Egipto y Túnez ordenaron y fueron obedecidos durante décadas, hasta el punto de que el autoritarismo se transformó en su estado natural. Pedro Luque.

19 de febrero de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Enfermos de poder

Cuando los derrocaron, sintieron que les amputaban una parte imprescindible de su cuerpo. Los ex presidentes de Egipto y Túnez ordenaron y fueron obedecidos durante décadas, hasta el punto de que el autoritarismo se transformó en su estado natural, en su forma de ser. Ahora, la salud de ambos parece estar en peligro, aunque sobre ella se asienta una nube de misterio, como sobre sus años de gobierno. En las últimas horas, trascendió que el tunecino Zine el Abidine Ben Ali, de 74 años, entró en coma después de haber sufrido el martes un accidente cerebrovascular en Arabia Saudita. El rey Abdallah fue el único que le concedió asilo al mandatario que fue derrocado por su pueblo el 14 de enero, después de aferrarse durante 23 años al poder.Dicen quienes lo conocen que el accidente cerebrovascular se debe a la desazón que padece Ben Ali tras su derrocamiento, y que nada tiene que ver el cáncer de próstata que arrastra desde hace años.Cuentan quienes atestiguaron su huida que, antes de abandonar suelo tunecino, el temido líder lloró como un chico en el aeropuerto y su jefe de seguridad tuvo que empujarlo para que subiera al avión, mientras su esposa lo llamaba "imbécil". Iba con una valija de mano y vestido con una camisa manga corta. Tantos años de despotismo, y no tuvo tiempo para empacar.Ahora, después de que sus cuentas bancarias fueran congeladas y gran parte de su familia fuera encarcelada; después de vivir entre las sombras durante un mes en una ciudad saudí, mientras su esposa se oculta en Libia o Dubai, Ben Ali se debate entre la vida y la muerte.Pero aún se trata de información filtrada, ya que el gobierno de transición no dijo ni una palabra sobre el asunto. Hasta dejarse morir. El destino del egipcio Hosni Mubarak, de 82 años, también está plagado de secretos. Aunque no fue obligado a salir de su país y pasa sus días recluido en su palacio de Sharm el Sheikh, fuentes cercanas al ex mandatario dicen que está de mal humor y deprimido. Afirman que no toma sus remedios y que quiere dejarse morir en suelo egipcio, como amenazó en su último discurso antes de escapar de El Cairo. Los militares que tomaron el poder no dan pistas sobre el estado de salud del líder que gobernó el país durante tres décadas, pero los medios locales publicaron que un equipo médico se encarga de Mubarak las 24 horas. Su ayuda fue solicitada después de que perdiera el conocimiento en varias ocasiones.Hay periódicos que aseguran que ya rechazó la propuesta de asilo que le realizaron cuatro países árabes; hay otros que dicen que su esposa, Suzanne, y sus dos hijos, Alaa y Gamal, lo acompañan en el palacio, también invisibles a la mirada de un pueblo que, poco a poco, quiere confinarlos al olvido.Sólo pasó una semana sin el faraón en su trono, pero fueron retirados de lugares públicos cientos de carteles que rezaban: "Mubarak es Egipto y Egipto es Mubarak". Alguna vez, esta afirmación pudo ser tomada como verdadera, pero hoy no parece haber nada más falso: Egipto es un país que se abre a un nuevo horizonte, y Mubarak es un simple mortal que no encuentra consuelo.