El último acto de gobierno de Lula
No hubo hazaña, ni milagro, ni denuncias, golpes bajos o hecatombe de última hora que cambiara la suerte de José Serra ni del Partido de la Social Democracia Brasileña. Marcelo Taborda.
No hubo hazaña, ni milagro, ni denuncias, golpes bajos o hecatombe de última hora que cambiara la suerte de José Serra ni del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). Dilma Vana Rousseff, la economista nacida en Belo Horizonte hace 62 años, que fue candidata por la heterogénea coalición liderada por el Partido de los Trabajadores (PT), entró ayer en la historia como la primera mujer presidenta de Brasil. Atrás quedó una larga campaña, donde su figura fue demonizada por sus rivales, y el sabor agridulce del primer turno, cuando Rousseff quedó en el umbral del gobierno al obtener más de 14 puntos de ventaja sobre su rival de ayer, aunque sin llegar a la mitad más uno de los votos necesarios para evitar el balotaje.El 1° de enero, Dilma recibirá la banda presidencial delante del pueblo que se congregará en la Explanada de los Ministerios. Se la entregará su mentor, Lula, quien consumará en esa ceremonia acaso el último y más osado de sus actos de gobierno: la unción de su bendecida, a la que llevó de la mano hasta la victoria.Sin estridencias, a pesar de los puestos clave que ocupó en el actual gobierno, Dilma tiene fama de técnica perfeccionista y un duro carácter que se tradujo en su escaso carisma ante la gente, pese al trabajo de los "marketineros" políticos."Será la misma impronta e ideas de Lula, pero con alma y corazón de mujer", decían los petistas en la campaña, pero las diferencias de historias y carácter saltan a la vista. "Lula trata a todos como un compañero, como un hermano. Desde la gente que lo aclama en las calles a sus colegas dela región o del mundo en las cumbres internacionales. De Dilma apenas habrá que esperar una mano tendida", decía semanas atrás a este enviado Clovis Rossi, columnista de Folha de Sao Paulo ."La gente no la votó a ella, votó a Lula", rezongaba un adherente al PSDB, que anoche en Brasilia se sentía en el lugar equivocado.Y ahí está el gran desafío de Rousseff en los meses por venir. Por un lado, demostrar que cuenta con el aval del presidente y continuará la línea de políticas sociales y económicas del mandatario saliente, y por otro, aventar las afirmaciones que ya se deslizan sobre una suerte de poder en la sombra de parte del ex tornero.Por lo pronto, el gobierno de Dilma tendrá más respaldo en el Congreso que el que acompañó a Lula. De las 513 bancas de la Cámara de Diputados, 383 estarán en poder de la coalición vencedora. De los 81 escaños del Senado, 54 serán oficialistas.Pero más allá de los números, de las especulaciones en torno a su capacidad y hasta sobre su estado de salud, Rousseff acaba de escribir su nombre en el puesto más alto de un lugar clave para Argentina, América y el mundo.Como ocurrió antes en Chile y en Argentina, Brasil desde ayer también tiene su primera presidenta. Su mentor, anoche durmió tranquilo.

