El personalismo y otros demonios
La enfermedad y el retiro en Cuba de Hugo Chávez renuevan los interrogantes sobre el carácter personalista de varios gobernantes latinoamericanos. Alejandra Conti.
Los liderazgos que surgieron con el comienzo del siglo en América latina se caracterizan por ser fuertemente personalistas. Son legítimos, elegidos por sus pueblos en elecciones limpias, pero son personalistas, y esto puede traer consecuencias negativas para la maduración institucional y democrática de nuestros países. Un ejemplo es lo que se está viendo en Argentina con la designación a dedo de los candidatos a legisladores por parte de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. La oposición no lo hace mejor; no hubo elecciones primarias en ningún partido, ni en los más antiguos ni en los más nuevos. Los candidatos, de primera o segunda línea, son elegidos con el viejo y conocido método de la trenza.En la región, los presidentes parecen disfrutar del hecho de ponerse el país al hombro y llevar adelante por sí solos y rodeados de incondicionales la misión de gobernar; comunican muy bien (todos ellos son excelentes oradores) y utilizan la cadena nacional para anunciar las decisiones más importantes. A veces logran modificar las constituciones para ser reelegidos y designan a dedo a autoridades partidarias que deberían ser elegidas con el voto de las bases. Se enfrentan con los medios, a los que caracterizan como el mal contra el que ellos deben luchar para defender a sus pueblos. Desde el ejemplo local (Cristina, pero antes Néstor), pasando por Rafael Correa, llegamos al creador del modelo, Hugo Chávez. Hay excepciones a esta oleada personalista, y no responden a un único signo ideológico: José Mujica, Sebastián Piñera (antes, Michelle Bachelet), Dilma Rousseff.Quienes militan en las filas del personalismo también se caracterizan por utilizar una estrategia destructiva de la convivencia: la polarización, la categorización en amigo-enemigo.Paradójicamente, se trata de gobiernos que hacen cosas positivas por sus ciudadanos y que en muchos casos han obtenido enormes logros de justicia social. El caso más significativo quizá sea el de Bolivia, donde los pueblos originarios y sus descendientes fueron históricamente discriminados. La gestión de Evo Morales trajo un cambio revolucionario en el trato y la consideración hacia esta parte de la población que era objeto de un apartheid cultural, social y económico. Igualmente, el freno a la voracidad de empresas extranjeras que explotan las riquezas naturales de Bolivia es otro ejemplo de autoridad. Cuando Morales fue elegido presidente muchas de ellas, sobre todo las de hidrocarburos, amenazaron con retirarse del país. Pocas lo hicieron. La explicación: las ganancias leoninas que obtenían con gobiernos anteriores se redujeron a niveles normales, nada más.La división entre amigo-enemigo, la imposición del alineamiento, el lenguaje bélico para expresar rivalidad política, es una forma de presentar un frente contra la crítica. Los mandatarios personalistas no toleran la crítica y, a pesar de lo que declaman, pocas veces admiten el debate. Temen que las observaciones a los aspectos negativos que todo gobierno tiene desemboquen en la pérdida del poder.A pesar de la historia padecida por nuestros países, todavía hay políticos que piensan que el ocultamiento y el silencio son herramientas inocuas. Así lo demuestra Chávez al viajar a Cuba para tratarse por un cáncer y gobernar a distancia, sin informar a su gente y sin delegar el gobierno como indica la Constitución.El presidente venezolano hace casi un mes que está ausente del país. No se sabe exactamente qué tiene, ni quién lo atiende, ni en qué consiste el tratamiento, ni cuánto dura. ¿Es posible que Chávez temiera un atentado en su contra en Venezuela aprovechando su operación? ¿O se enteró en Cuba de que debía operarse? Chávez hizo allí una parada que no estaba programada, como un par de veces anteriormente. Iniciaba una gira y hacía la última escala, fuera de programa, en Cuba. Puede ser que haya decidido operarse en Cuba porque el secreto iba a estar asegurado.Hay un par de datos adicionales preocupantes. El 5 de julio Venezuela festeja el Bicentenario y estaba previsto hacerlo a lo grande. En esa fecha se iban a anunciar también los ascensos militares, una ceremonia fundamental para el chavismo, ya que las fuerzas armadas son un factor fundamental para el régimen. También estaba previsto un gran desfile del que iban a participar los últimos tanques comprados a Rusia.La ausencia de Chávez en esta ceremonia, en estas circunstancias, será una inédita señal de debilidad, no sólo para afuera del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el partido del chavismo.Hay facciones en el PSUV. Las cabezas visibles son el hermano del presidente, Adan Chávez; el vicepresidente, Elías Jaua; el canciller, Nicolás Maduro; el ministro de Interior y Justicia, Tareck el Aissami, el diputado Diosdado Cabello y el general Henry Rangel Silva, jefe del Comando Estratégico Operacional (equivalente al estado mayor conjunto). En estos días, Maduro y Jaua ejercen como delegados Chávez, pero la convivencia entre todos ellos no es fácil. Las diferencias entre militares y civiles agregan un factor de conflictividad ausente en otros países de la región. Pero Chávez no resigna nada. Enfermo, operado y en el extranjero, sigue al mando. No será lo más saludable para él, pero lo más grave es que genera una enorme inquietud a sus ciudadanos.

