El peor de los espantos
Un solo hombre pudo desatar un huracán de locura capaz de arrasar con la vida de otros hombres como la más furiosa de las tempestades. Alejandro Mareco.
Un solo hombre pudo desatar un huracán de locura capaz de arrasar con la vida de otros hombres como la más furiosa de las tempestades. Sucedió en Noruega: una de las sociedades más realizadas, generosa con sus hijos y con los demás. Quizá el hombre de la masacre es parte de la generación que ve asomar sombras sobre el cielo límpido que pintaron sus antepasados; quizá es uno de esos que culpan de sus fantasmas a los inmigrantes que, a su vez, provienen de pueblos saqueados por siglos para la opulencia de otros. Pero sabemos que un hombre no es uno solo sino muchos y, a veces, de algún paradójico y doloroso modo, un poco todos. Son los muertos, su indefensión, el estremecimiento que nos sobrecogió la condición humana. Y el espanto inagotable, es la locura.Por conservar privilegios o por aumentarlos, por ambición o voracidad; con excusas de ideología, religión, raza y hasta con pretextos de amor. La cuestión es que hemos matado millones y millones, y seguimos matando: pueblos originarios, negros africanos, musulmanes, cristianos, europeos...La locura de un solo hombre es la locura de los hombres. Y no sólo se trata de la razón extraviada, sino de los sentimientos perdidos, de los buenos sentimientos que no pueden contener a los más oscuros.Ese es el peor espanto de ser humano.

