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El Papa, contra la pena de muerte: El derecho a la vida pertenece también al criminal

“La pena de muerte es inadmisible, por cuanto grave haya sido el delito del condenado”, sostuvo Francisco.

21 de junio de 2016 a las 04:21 p. m.
Agencia Télam
El Papa, contra la pena de muerte: El derecho a la vida pertenece también al criminal
(AP/Archivo).

El papa Francisco renovó este martes sus críticas a la "inadmisible" pena de muerte y sentenció que "el derecho inalienable a la vida pertenece también al criminal".

"Un signo de esperanza es el desarrollo en la opinión pública de una creciente oposición a la pena de muerte, incluso como una herramienta de legítima defensa social. De hecho, hoy día la pena de muerte es inadmisible, por cuanto grave haya sido el delito del condenado", aseveró el Pontífice en su mensaje a los participantes en el VI Congreso Mundial contra la Pena de Muerte que inició este 21 de junio en Oslo, Noruega.

"Es una ofensa a la inviolabilidad de la vida y a la dignidad de la persona humana que contradice el designio de Dios sobre el hombre y la sociedad y su justicia misericordiosa, e impide cumplir con cualquier finalidad justa de las penas", criticó el sucesor de Pedro.

"No hace justicia a las víctimas, sino que fomenta la venganza. El mandamiento «no matarás» tiene valor absoluto y abarca tanto a los inocentes como a los culpables", sentenció.

En el marco del Año Santo que se desarrolla hasta el próximo 20 de noviembre, Francisco planteó que "el Jubileo Especial de la Misericordia es una ocasión propicia para promover en el mundo formas cada vez más maduras de respeto a la vida y la dignidad de cada persona". Y, tajante, aseguró: "No hay que olvidar que el derecho inviolable a la vida, don de Dios, pertenece también al criminal".

"Deseo hoy alentar a todos a trabajar no sólo por la abolición de la pena de muerte, sino también por la mejora de las condiciones de reclusión, para que respeten plenamente la dignidad humana de las personas privadas de libertad", pidió. "\'Hacer justicia\' no significa que se deba buscar el castigo por sí mismo, sino que las penas tengan como finalidad fundamental la reeducación del delincuente", prosiguió en esa dirección.

"La cuestión debe ser encuadrada en la óptica de una justicia penal que sea abierta a la esperanza de reinserción del culpable en la sociedad. ¡No hay pena válida sin esperanza! Una pena clausurada en sí misma, que no dé lugar a la esperanza, es una tortura, no es una pena", agregó y pidió "un nuevo impulso al compromiso con la abolición de la pena capital".