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El ejército egipcio no cede y ya hay más de mil muertos

El jefe militar Al Sisi dijo que los seguidores de Mursi "no harán arrodillarse al Estado". 38 islamistas presos mueren en incidente. Fotos.

19 de agosto de 2013 a las 12:01 a. m.
Agencias EFE, Télam y AP
El ejército egipcio no cede y ya hay más de mil muertos
Casa por casa. Fuerzas militares continuaron ayer la búsqueda de dirigentes o seguidores de Mursi y de los Hermanos Musulmanes, y arrestaron a más manifestantes que desafiaron prohibiciones del gobierno (AP).

El Cairo. El jefe del ejército y "hombre fuerte" del nuevo régimen egipcio, Abdel Fatah al Sisi, lanzó ayer un duro mensaje a los islamistas que reclaman la restitución de Mohamed Mursi, al advertirles de que "no harán arrodillarse al Estado".

Pese a las amenazas del gobierno de facto y el despliegue masivo de policías y soldados, los islamistas volvieron a marchar ayer en El Cairo y en el resto del país contra el golpe de Estado, tras cinco días de represión que ya dejaron más de mil muertos y cinco mil heridos.

En su primera aparición tras el sangriento desmantelamiento de los campamentos islamistas en las plazas cairotas de Rabea al Adauiya y Al Nahda, el miércoles pasado, Al Sisi intervino ante la cúpula de las fuerzas de seguridad para presentar al ejército como guardián de la voluntad del pueblo (ver Galería de Fotos).

“No permaneceremos impasibles ante la destrucción del país y las amenazas contra la población”, dijo, antes de asegurar que las fuerzas armadas no ansían el poder: “El honor de proteger la voluntad del pueblo es un orgullo más grande que gobernar Egipto”. Pese a todo, insistió, en alusión a los Hermanos Musulmanes, que en Egipto hay cabida para todas las facciones y que a las fuerzas armadas les preocupa “cada gota de sangre egipcia” derramada.

Mientras, imágenes difundidas por la cadena de noticias qatarí Al Yazira mostraron el sábado a pequeñas multitudes marchando desde varios barrios de El Cairo y sus alrededores hacia el Tribunal Constitucional, cuyo edificio estaba totalmente cercado por tanques y soldados.

Los opositores al golpe de Estado también salieron a las calles en las ciudades de Suez y de Minya. Durante todo el día, los autos volvieron a circular con tranquilidad por las avenidas de la capital egipcia, la mayoría de los negocios de los barrios más céntricos reabrieron, y excepto por aquellas zonas que fueron los epicentros de la represión de los últimos días, El Cairo recuperó un poco de su ritmo habitual.

Pero al caer la noche y entrar en vigor el toque de queda, la información sobre las manifestaciones se volvió escasa y los temores a una nueva represión estatal inundaron las redes social y los portales de noticias.

El clima se enrareció aun más luego de que el Ministerio del Interior de facto informara que 38 miembros de la Hermandad Musulmana murieron asfixiados cuando los trasladaban de una cárcel cerca de El Cairo en un episodio poco claro. La versión oficial es que los presos murieron en una balacera registrada cuando hombres armados intentaron atacar el convoy para liberar a los detenidos.

En su primera reacción a lo sucedido, el Partido Libertad y Justicia, brazo político de los Hermanos Musulmanes, calificó en un comunicado la muerte de los detenidos como “terrible masacre sangrienta”.

Así, la violencia no se detuvo tampoco ayer, después de los 79 muertos que se registraron el sábado. Según cifras oficiales, en los últimos cinco días murieron 890 manifestantes, los que sumados a los 235 cadáveres que aún custodian de forma muy precaria militantes islamistas en una mezquita de El Cairo, hacen que la cifra supere las mil víctimas fatales. El Ministerio del Interior de facto, en tanto, informó que 70 policías murieron desde el miércoles.

Pese a estos sucesos y a la fuerte presión de los autodenominados “comités populares” –formados por civiles anti-Mursi–, los partidarios del depuesto mandatario volvieron a retar a las fuerzas de seguridad en manifestaciones.

En las últimas horas fueron detenidos casi 500 islamistas por su participación en los disturbios en el país, principalmente en torno de la mezquita que fue violentamente desalojada por la policía el sábado.

Mientras, el gobierno continúa sus esfuerzos para convencer a la comunidad internacional de que el conflicto en Egipto no está originado por diferencias políticas, sino que se trata de una amenaza existencial al Estado por parte de un grupo extremista y fanático.

El ministro interino de Asuntos Exteriores, Nabil Fahmi, criticó a países occidentales por sus “contradicciones”, al entender que piden contención a fuerzas de seguridad y guardan silencio ante la violencia de la Hermandad. Fahmi informó que fueron atacadas 37 iglesias desde el miércoles, y mostró videos y fotos de presuntos manifestantes islamistas con armas semiautomáticas y abriendo fuego contra edificios.

Persecución

¿Ilegalizados? Después de su discurso, Al Sisi participó ayer de una reunión del Consejo de Ministros, en la que discutió la posible ilegalización de la Hermandad Musulmana, un movimiento que a pesar de haber concentrado gran parte del poder político durante el gobierno de Mursi, pasó la mayor parte de su historia en la clandestinidad.

Mil detenidos. Medios oficiales también informaron ayer que cerca de mil islamistas y dirigentes de la Hermandad Musulmana fueron detenidos en todo el país. Entre ellos, más de 400 fueron arrestados tras el desalojo del sábado de la mezquita de Al Fatah, que se había convertido en un refugio para cientos de seguidores de Mursi tras el tendal de muertos de la semana.

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