El deportista que se convirtió en duque y se hizo empresario
Urdangarín era hasta hace poco el yerno ejemplar del rey. Pero los malos manejos de su fundación lo terminan alejando de la corona.
Madrid. Desde que en 1997 contrajo matrimonio con la infanta Cristina, Iñaki Urdangarín había ejercido brillantemente ante la opinión pública su condición de yerno ideal del rey: empresario, deportista, atractivo, educado, simpático y, además, católico. Pero su gestión al frente del Instituto Nóos fue el punto de inflexión de una relación con la familia real que, hasta ahora, había sido perfecta.Los duques de Palma se conocieron en 1996, cuando la infanta Cristina fue a saludar a la selección española de handball en los Juegos Olímpicos de Atlanta. Se casaron un año más tarde en Barcelona.Allí, en el palacete de Pedralbes, residieron hasta hace cinco años, cuando se trasladaron junto a sus cuatro hijos a Estados Unidos.Urdangarín está a punto de cumplir 44 años y es de Zumárraga, en la provincia de Guipúzcoa (País Vasco), aunque creció en Barcelona.Estudió en los Jesuitas de Barcelona, colegio en el que empezó a jugar al handball. A los 18 años, se sumó al equipo Barcelona, donde desarrolló toda su actividad deportiva hasta el año 2000, cuando anunció su retiro.Su último partido lo jugó el 30 de septiembre de 2000 en Sydney, donde marcó el último gol de su carrera.Empezó entonces la trayectoria del otro Iñaki. Fue miembro primero y vicepresidente después del Comité Olímpico Español y trabajó en Octagon Esedos y Motorpress Ibérica, empresas de marketing deportivo, antes de fundar, en 2004, Nóos Consultoría Estratégica, cuyas actividades investiga ahora un juez.La biografía oficial de Urdangarín asegura que "cultivó el interés por las cuestiones sociales, amén de las deportivas, intentando establecer caminos de diálogo entre unas y otras".Cuando en marzo de 2006 fue nombrado consejero de Telefónica Internacional y trasladó su residencia a Washington, se produjo el primer distanciamiento del, hasta ahora, yerno favorito del rey, con quien comparte, entre otras cosas, la afición al deporte.El 12 de diciembre y tras semanas de informaciones y comentarios, la Casa del Rey anunciaba que el duque de Palma dejaría de participar en actividades oficiales por su conducta "no ejemplar".Ahora, Urdangarín, que en las canchas defendió cientos de veces el arco de su equipo, deberá emplear toda su energía en otra defensa bien distinta, la de su inocencia en las salas de Justicia y ante la opinión pública.

