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El contagio más temido

Grecia no logra mejorar su situación y toda Europa teme las consecuencias. Alejandra Conti.

25 de septiembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El contagio más temido

La crisis financiera en Europa goza de buena salud. Los planes de ajuste y los rescates a los bancos no están dando señales de efecto y el contagio a los países emergentes y al resto del mundo es un temor concreto. Según los partidarios de las medidas de ajuste, el motivo del aparente fracaso es que no se han terminado de aplicar completamente, sobre todo en Grecia.Para otros sectores, la razón es que los ajustes enfrían la economía y no se puede esperar otro resultado. La receta que convendría aplicar, según estos últimos, sería un plan de estímulo, al estilo de lo que plantea el gobierno de Barack Obama, en Estados Unidos.Al margen de toda duda, la gente siente en sus bolsillos los perjuicios ocasionados por los remedios recetados y se pregunta si no será hora de cambiar de medicamento, o de médico.El ajuste es la medida habitualmente indicada para los que han gastado de más. Puede corregir los excesos si es aplicado a corto plazo, pero al ajuste como política no hay economía que lo aguante, y a eso lo sabemos bien los argentinos. Por eso, la receta también sirve cuando quienes toman las decisiones no lo hacen pensando en los intereses nacionales.Veamos lo que sucede en el caso concreto de Grecia según algunas de las medidas anunciadas últimamente.Con un 16,3 por ciento de desempleo, 30 mil empleados públicos han sido notificados de que serán considerados prescindibles. Los jubilados que cobren más de 1.200 euros mensuales (no convierta a pesos; esa jubilación en Europa es poco dinero) van a sufrir un recorte de 20 por ciento. Pero lo peor es que trabajadores que cobren tan poco como cinco mil euros al año van a comenzar a pagar impuestos, de los que estaban exentos hasta ahora. Tremendas medidas que no pocos griegos interpretan que apuntan más a salvar a los bancos franceses y alemanes (tenedores de su deuda) que a los ciudadanos de a pie. El hecho de que dos años de políticas similares hayan dado como resultado la reducción de la economía en un 10 por ciento habla por sí solo.A pesar de esto último y con las mismas medidas, el gobierno griego aspira a bajar el déficit a 7,3 por ciento y ahorrar unos seis mil millones de euros.Ante esta durísima realidad que deben afrontar los trabajadores más humildes, la clase media y los jubilados, se entiende por qué desde la misma Europa se oye este reclamo de que se optó por la medida equivocada. Y se suma otro reproche: el que indica la necesidad de asumir que los mercados no se autorregulan y que, para suplir esa falencia, debe actuar el Estado.El viernes, las bolsas europeas reaccionaron levemente ante un comunicado del G-20 (que reúne a los países más ricos del mundo y a representantes de los emergentes) pero volvieron a caer. Se esperaba alguna resolución contundente del grupo, que estaba reunido en Washington, pero ésta se postergó para noviembre. Es tanta la diferencia de opiniones de esta organización respecto de cómo afrontar la crisis, que se prefirió dar una imagen de unidad antes que enredarse en un debate que iba a poner demasiado en evidencia esa fragilidad interna.En cambio, hubo declaraciones de los consejeros del Banco Central Europeo, que generaron cierto grado de optimismo. Por ejemplo, Luc Coen, titular del banco central belga, dijo: "Si los datos, a principios de octubre, muestran que las cosas están peor de lo que esperábamos, estudiaremos nuevas medidas para afrontar la situación". Dejó la sensación de que aún queda tiempo para pensar; de que las cosas no están tan mal o de que pueden estar peor, y que si así ocurre, allí estará el BCE para ver qué se hace.Un poco más concreto fue el anuncio del presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, que adelantó que podrían volver los créditos a 12 meses, un verdadero alivio a familias y empresas, y que se está estudiando la forma de dar más liquidez a los mercados, bajando los tipos de interés, por ejemplo.Por ahora, la situación tiene un movimiento pendular que va de grave a muy grave, según las reacciones de los mercados a cada anuncio que se hace.Mientras, los países de la UE deben decidir en las próximas semanas el desbloqueo de la asistencia financiera a Grecia y completar (en todos los parlamentos) un trámite engorroso que permitirá ampliar los fondos de rescate. Esta última medida será, por las condiciones que llevará implícitas, lo que llaman un cortafuegos, para evitar la expansión de futuras crisis como la griega.Al mismo tiempo, desde los mismos países en los que siempre se despotricó contra el liderazgo alemán, ahora se clama para que Alemania ponga más empeño en su función de locomotora de arrastre. Lo dijo el jueves Alfredo Pérez Rubalcaba, vicepresidente primero y portavoz del gobierno español.Alemania también estudia sus movimientos, sin resignarse a ser el salvavidas europeo y mucho menos a sufrir las consecuencias de desmanejos ajenos.Los que vienen, como ya escuchamos infinidad de veces, serán días cruciales.