El árbol y el bosque
Como suele ocurrir con el detonante de cualquier conflicto, las partes involucradas acusaron al otro "bando" de haber iniciado las hostilidades o de provocar ese incidente.
Como suele ocurrir con el detonante de cualquier conflicto, las partes involucradas acusaron al otro "bando" de haber iniciado las hostilidades o de provocar ese incidente.
La poda de unos árboles junto a la "valla técnica", que Israel erigió para separar su territorio de las comarcas del sur del Líbano, que ocupó por más de dos décadas hasta 2000, ha sido esta vez la causante visible de la escalada.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, alegó que la intención de talar los árboles había sido comunicada a los cascos azules de la Fuerza Interina de Naciones Unidas para el Líbano (Finul), que patrulla la llamada "línea azul", un corredor de difusas dimensiones bajo monitoreo internacional, destinado a evitar cualquier cruce armado como el de ayer.
La versión israelí indicó que el ejército libanés lanzó el ataque y mató a uno de sus oficiales, en una "provocación" frente a la cual se ejerció "el legítimo derecho de defensa".
Para el gobierno del presidente Michel Suleiman, la provocación fue de las tropas israelíes, al traspasar su propia valla limítrofe, levantada sobre la "línea azul" sobre la que la ONU reconoce a los libaneses el tránsito cotidiano.
Y mientras las Naciones Unidas investigan cómo ocurrieron los hechos, la tensión vuelve a una zona que hace cuatro años sufrió una guerra que dejó al menos 1.200 muertos.
En aquel conflicto, los enfrentados eran Israel y la milicia chiíta de Hizbollah que tiene un peso político y militar indiscutible en suelo libanés. Pero los bombardeos sembraron muerte y destrucción en numerosas ciudades del Líbano y llenaron de zozobra a urbes y pueblos del norte israelí, donde cada tanto los Katiuska esparcían sus letales metrallas.
La multiplicación de víctimas civiles en territorio libanés equiparó la previsible victoria militar israelí con otra derrota diplomática que después repetiría en su ofensiva sobre Gaza.
Ayer, en la precaria calma que sobrevino a horas de fuego cruzado, emergieron otros actores clave en una región de recelos crecientes.
Hamas y Siria acusaron a Israel por la escalada, y Hizbollah e Irán consideraron como "invasión" el incidente de los árboles. También Jordania fustigó al Estado judío.
Los misiles lanzados el lunes contra el balneario de Eilat, que llegaron a la vecina Aqaba, en Jordania, y causaron un muerto, sumaron incertidumbre a situaciones como las de Gaza.
La poda del árbol acaso ha vuelto a desnudar un sombrío cruce de intereses irreconciliables ante los cuales la comunidad internacional no puede ser, como ayer, mera espectadora.

