EE.UU. envía un portaaviones a la península coreana
Dos civiles muertos se sumaron a las dos bajas militares que dejó el bombardeo norcoreano del martes a una isla de Corea del Sur.
Beijing. La primera respuesta de la Casa Blanca al ataque de Corea del Norte sobre la isla surcoreana de Yeonpyeong, que dejó dos militares y dos civiles muertos, se concretó con el envío a la zona del portaaviones George Washington, que ayer navegaba hacia la península coreana desde una base naval en Tokio. Mientras tanto, la comunidad internacional aumenta su presión sobre China, principal aliado de Pyongyang. El presidente estadounidense, Barack Obama, y su homólogo surcoreano, Lee Myung Bak, acordaban mediante una conversación telefónica realizar ejercicios militares conjuntos a partir del próximo domingo.Como en ocasiones anteriores, la Casa Blanca enfrenta tres opciones ante la crisis coreana: la condena verbal, los ejercicios militares, o una acción más seria que podría desencadenar una guerra y reducir Seúl a escombros.Por el momento, Obama optó por las dos primeras. En una entrevista concedida a la cadena ABC, el mandatario asegura que no tomará ninguna decisión sin contar con el apoyo de la comunidad internacional, e insta a China a que deje saber a Corea del Norte que "hay una serie de normas que deben cumplirse"."No contemplo acciones militares en este momento", asegura Obama. Para el mandatario, el ataque contra Yeonpyeong es "otra provocación más en una serie de ellas que hemos visto en los últimos meses".La paciencia estratégica, como se llama la política hacia Corea del Norte que sigue la Casa Blanca desde que Obama accedió al poder hace dos años, sigue en pie y Washington no quiere comprometerse en acciones más serias hasta que Pyongyang abandone las provocaciones y pruebe que está dispuesto a desmantelar sus instalaciones nucleares.Ayer, socorristas encontraron los cadáveres quemados de dos isleños muertos por el ataque de artillería norcoreano, las primeras víctimas civiles de un enfrentamiento que marcó un grave aumento en las tensiones entre ambos países.El bombardeo del martes a la pequeña isla, cerca de la frontera marítima, también causó la muerte de dos infantes de marina surcoreanos y 18 heridos.Las fuerzas surcoreanas permanecían en alerta mayor, mientras los evacuados se dirigían a la ciudad portuaria de Incheon tras pasar la noche en refugios subterráneos. Abrazaban a sus familiares y relataban escenas terribles de destrucción.En Pyongyang, la prensa oficial hacía alarde de que el intercambio de fuego mostró el poder y capacidad militar de Corea del Norte. "Creo que esta vez nuestras fuerzas militares mostraron a todo el mundo que siempre hablan en serio", dijo Ri Pong Suk a la agencia Apin. En el centro de la escena. El gobierno chino se convirtió en el centro de atención de la comunidad internacional después del peor ataque que sufrió suelo surcoreano desde el final de la Guerra de Corea (1950-1953). Apenas apagado el fragor de los obuses, se elevaron las voces para pedir a Beijing que haga más para contener a su protegido. Cuando la artillería norcoreana rugió sobre el mar Amarillo y decenas de proyectiles cayeron sobre Yeonpyeong, la comunidad internacional reaccionó con ira y condenó el ataque. Salvo China.Beijing declinó tomar partido y se limitó a pedir mesura y el relanzamiento de las conversaciones multilaterales para que Corea del Norte desmantele su programa de armas atómicas a cambio de ayuda.Con este ataque, Pyongyang pareció enviar un mensaje sobre su poderío militar y la continuidad de la sucesión presidencial de la familia Kim. Según el gobierno, la isla surcoreana está dentro de su soberanía. Yeonpyeong se encuentra sobre de la línea de demarcación marítima de cuatro kilómetros de ancho establecida en 1953, que nunca fue aceptada por Corea del Norte.Los dos países han intercambiado fuego de artillería y de otras armas de manera esporádica a lo largo de sus fronteras terrestre y marítima, y en cuatro ocasiones desde 1999 los choques dejaron muertos.El enfrentamiento del martes se inició cuando Corea del Norte advirtió a su vecino que detuviese sus ejercicios militares cerca del límite marítimo, según funcionarios surcoreanos. Cuando Seúl se negó y empezó a disparar artillería en las aguas disputadas, Pyongyang respondió con el bombardeo a Yeonpyeong, donde hay instalaciones militares surcoreanas y una reducida población civil. Seúl contraatacó con una ola de obuses y con aviones cazas.

