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Dogmas, credos y hombres

Esta vez no se habían generado las expectativas de aquel encuentro habanero de hace 14 años y dos meses. Marcelo Taborda.

28 de marzo de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Dogmas, credos y hombres

Esta vez no se habían generado las expectativas de aquel encuentro habanero de hace 14 años y dos meses. En aquel 21 de enero de 1998 el mundo entero había enfocado su atención en lo que pudiera surgir del intercambio de discursos de dos de los protagonistas más emblemáticos del siglo 20: el cubano Fidel Castro, líder de la isla defendida como ícono de la resistencia antiimperialista, y el polaco Karol Wojtyla, jefe de la Iglesia Católica, papa peregrino y actor clave en el derrumbe del comunismo europeo. "Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba", dijo Juan Pablo II (convertido ahora en beato), cuya salud ya daba muestras del cansancio por 78 años de una vida intensa, que se apagó en un día como el de hoy, en 2005. A su frente, de impecable traje y corbata en lugar de su acostumbrado uniforme verde oliva, estaba un Fidel que no había cumplido los 71 y había elogiado a su huésped como una de las voces más críticas contra el neoliberalismo y los abusos del capitalismo de los '90. Uno y otro protagonista de la histórica cita eran portadores de un carisma y magnetismo capaces de disimular los lados oscuros que muchos les imputaban a ambos. A poco de aquella histórica cita habanera, en una entrevista que nos concedía en Córdoba, el filósofo Fernando Savater definía el encuentro como "la reunión de los máximos exponentes de dos especies en vías de extinción: el comunismo y la Iglesia Católica". Pero el irónico vaticinio del pensador español no se cumplió. Parecido, pero no igual. Catorce años y dos meses después, un Papa y un presidente cubano volvieron a encontrarse en un aeropuerto de la isla, en medio de coros, himnos y 21 salvas de cañón. Pero aunque la escenografía en algunos aspectos pudiera parecer calcada, los actores y momentos son distintos. Joseph Ratzinger, a quien Juan Pablo II ungiera en 1981 como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, siempre se presentó como continuador de la línea del papa viajero, pero desde su elección el 19 de abril de 2005, arrastra el estigma de haber acentuado el éxodo de fieles con sus posiciones más conservadoras. Como contrapartida, se le achaca cierta flexibilidad a la hora de sancionar a representantes del clero envueltos en escándalos de pederastia. A punto de cumplir siete años de papado y 85 de edad (nació en Baviera el 16 de abril de 1927), Benedicto XVI encaró una gira latinoamericana que muchos consideraron un desafío a su salud cada vez más frágil. Al pisar suelo de Santiago, capital del Oriente cubano donde el 26 de julio de 1953 se dio el asalto al Cuartel Moncada (considerado el primer hito de la revolución que triunfaría el 1º de enero de 1959), el Papa fue recibido por Raúl Castro, de 81 años, quien pasó la mayor parte de su vida a la sombra de su hermano casi cinco años mayor, Fidel. Pero la enfermedad del ex presidente, tras la Cumbre del Mercosur ampliado realizada en Córdoba en julio de 2006, llevó a Raúl a asumir interinamente el poder a fines de ese mes y a convertirse en presidente desde el 24 de febrero de 2008. ¿Renovación sin cambio? Pese a la fama de hombre más duro al frente de las fuerzas armadas cubanas, Raúl encaró medidas con las que pretende reformar y actualizar un modelo al que definió como salpicado por la inercia y la corrupción, pero cuya esencia intenta preservar. En ese plano, se autorizaron compraventas de inmuebles y autos, se duplicó el número de cuentapropistas y se flexibilizaron medidas adoptadas en los tiempos de mayor premura del "Período Especial" que siguió a la caída de la Unión Soviética. En ese período estaba la isla cuando Juan Pablo II llegó y reclamó una apertura de ida y vuelta hacia el mundo para el inicio de otra etapa. En esta Cuba actual, que visita Benedicto XVI, el gobierno aclaró que la apertura económica no implica un cambio de sistema político. La Iglesia cubana, en tanto, sigue ganando un espacio que creció desde la vuelta de la Navidad como día festivo, decretada por Fidel en 1997, hasta el papel clave como interlocutora en la liberación de opositores y disidentes presos. No son pocos los que le imaginan un papel más activo en una eventual transición o "renovación", para usar el verbo que conjugó el Pontífice alemán el lunes.Cultores de un perfil más bajo que el de sus predecesores inmediatos, Benedicto XVI y Raúl Castro volvieron a reunirse ayer, pero en privado en La Habana; con menos carisma y quizá más pragmatismo. Habrá que ver qué surge; qué queda.