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Detrás del velo

Ser mujer y musulmana en Gran Bretaña, un desafío de supervivencia.

05 de julio de 2015 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Detrás del velo

En Gran Bretaña, los matrimonios entre musulmanes regidos por la sharia han dejado de ser una excentricidad para convertirse en fenómeno extendido, visible e inquietante. Unas 100 mil parejas estarían unidas en esa forma de vínculo no contemplado por la ley ordinaria, que perjudica a la mujer y a sus hijos en lo social, psicológico y económico. La revelación de estos casos ganó la tapa de los diarios británicos del viernes y es una alerta sobre la aparición de un sistema seudolegal paralelo al oficial. También es recordatorio de una situación bien conocida e inquietante: la radicalización de los jóvenes británicos musulmanes que adoptan posiciones más extremas que las de sus padres y abuelos. La advertencia fue realizada por la ONG Aurat (Mujeres), que asiste a víctimas de crímenes de honor (mujeres asesinadas por sus familiares por haberse involucrado sentimentalmente con hombres de otras religiones).Los casamientos, los arreglos matrimoniales entre familias y también los divorcios entre esas 100 mil parejas son manejados por los "consejos de sharia ", o Tribunales de Arbitraje Musulmán. El matrimonio religioso o nikah ante esas entidades no es reconocido por las autoridades civiles y puede mantenerse en secreto. Es una falencia del sistema legal británico. Muchas veces las mujeres no conocen las consecuencias legales que eso conlleva. La esposa carece de los derechos que protegen a las mujeres casadas por la ley ordinaria, y si decide y consigue separarse puede perder todo, hasta la tenencia de sus hijos.Una abogada que trata con las víctimas de esos matrimonios ilegales, Ania Khan, estimó que el 80 por ciento de los casamientos entre musulmanes y jóvenes se celebra en el ámbito religioso y no es reconocido en el civil. Por eso reclama una reforma de la ley para que los casamientos musulmanes, sikhs e hindúes sean oficializados automáticamente, como sucede con los celebrados en iglesias y sinagogas.Para peor, también se ha registrado un aumento de la poligamia entre quienes deciden casarse ante un consejo de sharia . Otra abogada, pero que ocupa el cargo de "juez de sharia ", declaró el viernes que el gobierno británico no puede exigirles a los hombres musulmanes que tengan una sola mujer. En otras palabras, los británicos musulmanes no tienen por qué regirse por las leyes comunes. Hay que aclarar que los consejos de sharia o Tribunales de Arbitraje Musulmán se crearon en 1996 cuando se aprobó la llamada Acta de Arbitraje. El objetivo era que las diferentes religiones, no sólo el islam, mediaran en conflictos como un divorcio para evitar su judicialización. Teóricamente, sus decisiones no tienen peso legal, aunque en la práctica pueden llegar a tener una influencia determinante. De allí, la sorpresa. Primero, de que una entidad que no debiera tener mayor trascendencia esté provocando, o al menos permitiendo un cambio cultural negativo dentro de la sociedad. Pero la sorpresa mayor, para medios y autoridades, es la cantidad: 100 mil parejas, es decir 200 mil personas es una proporción importante en una comunidad de 2,7 millones de personas. Un problema creciente Veinte años atrás era común ver en el Reino Unido mujeres sin ascendencia árabe o musulmana que se convertían a esta religión. El uso del velo y las restricciones a la exposición pública, además de la cuestión religiosa, constituían para no pocas chicas una especie de protección frente a ciertas presiones sociales. Tapándolo, sacaban el cuerpo del foco de la mirada ajena, lo que al mismo tiempo las ayudaba a asumir una actitud de fortaleza de carácter e independencia intelectual. En ese entonces se consideraba que se trataba de una moda, algo pasajero. Que las limitaciones que impone muchas veces la observancia de la religión iban a desalentar a más jóvenes a convertirse. Sin embargo, no disminuyó. Cada año, cinco mil ciudadanos británicos se convierten al islam, y la mayoría son mujeres. Sus testimonios en los medios hablan de una búsqueda de espiritualidad muy respetable, pero no niegan la discriminación que padecen en todos los ámbitos en los que reina la religión, como también en la comunidad no islámica en la que viven. "Son cuestiones menores", relativizan. La preocupación oficial tiene el foco no en esas mujeres, sino en chicas y jóvenes que apuestan a la más extrema de las opciones, la adhesión al Estado Islámico. El Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización (ICSR) estima que son 550 las jóvenes occidentales que viajaron a Siria para unirse al EI. El principal rol que les compete es casarse con los yihadistas y tener hijos yihadistas. Además de eso, tiene un rol activo como propagandistas, sobre todo on line . Las empuja el hecho de haberse sentido discriminadas en su propio país, o el sentimiento de que los musulmanes son perseguidos injustamente, también la ilusión utópica de colaborar para construir una nueva sociedad. El temor es que vuelvan a sus países a atacar a su propio entorno. El título del informe del ICSR lo dice todo: "Hasta que el martirio nos separe".