De la fiesta a la fosa común
Tres meses después del secuestro de 12 jóvenes en el centro del Distrito Federal de México, las autoridades hallan e identifican cadáveres, pero el misterio del crimen continúa.
México. Desde uno de los teléfonos del patio de una cárcel de Sonora, en el norte de México, el preso Jorge Ortiz Reyes contaba el sábado por la tarde cómo se encuentra después de que le dijeron que, probablemente, los restos de su hijo menor estén en una fosa clandestina. "Echándole ganas. Hay que ser fuerte, porque tenemos más familia", decía.
Tenía la voz serena. Él es el padre de Jerzy Ortiz, de 16 años, uno de los jóvenes secuestrados en mayo en una discoteca de México DF llamada Heavens. Jorge Ortiz, alias “el Tanque”, lleva 10 años encarcelado por extorsión y por delincuencia organizada. Desde la cárcel, Ortiz dirige la banda La Unión de Tepito, dedicada al tráfico de drogas en bares de la capital, según la Policía.
El sábado, “el Tanque” esperaba que le confirmasen si su hijo estaba en una fosa común que halló la semana pasada la fiscalía. Dijo que querría despedirlo en persona. “Espero que al menos me dejen tocar el féretro”. Su esposa, Leticia Ponce, les ha pedido a las autoridades que lo trasladen a un penal del DF para que eso sea posible.
El domingo se supo que 10 cuerpos estaban individualizados por “señas particulares”. Entre ellos, estaba Jerzy.
El llamado “caso Heavens” comenzó el 26 de mayo, cuando un grupo de amigos fue raptado en una discoteca con ese nombre en el bullicioso centro de México DF, y empezó a tener un final el miércoles pasado, cuando una excavadora abrió la tierra en un bosque situado cerca de la capital. El destino de los desaparecidos había sido un enigma que capturó la atención de México durante tres meses, hasta que este viernes la fiscalía dijo que había encontrado 13 cuerpos en una fosa común clandestina. Pero el enigma continúa: quién lo hizo y por qué. Más allá de las versiones.
La perentoriedad de estas dos preguntas es grande porque cuestionan las condiciones de seguridad de la capital. En México se han registrado 27 mil desapariciones sin causa conocida entre 2006 y 2012, pero ninguna ha tenido esta repercusión en la capital. México DF siempre se ha considerado a salvo del crimen organizado, y el rapto de los jóvenes, un domingo sobre las 8 de la mañana, a plena luz, en una calle que al rato estaría cerrada al tráfico para que paseasen ecológicamente familias en bicicleta, supuso un hecho sin precedentes en el centro neurálgico de la ciudad.
Hasta el momento, las autoridades han detenido a dos de los dueños de Heavens (otro fue hallado calcinado); a uno de los 17 individuos que se llevaron en autos a los jóvenes; a dos personas que se encontraban en el sitio de la fosa común y que la fiscalía del DF, que lleva el caso junto con la fiscalía federal, ha definido como “lugareños”. La hipótesis oficial es que se trata de una venganza entre bandas de menudeo de droga del DF que se disputan el control de la venta en los locales de ocio nocturno del centro.
Mientras tuvieron esperanza de recuperar a sus hijos, las familias no hicieron demasiado hincapié en que se encontrase a los responsables, pero ahora, tras el hallazgo de la fosa, lo exigen de modo terminante.
El viernes se reunieron por enésima vez con el fiscal del DF y con el jefe de la policía judicial. Una de las familiares, Eugenia Ponce, les espetó: “Sea quien sea. Así seas tú, Rodolfo, o tú, Raúl (Peralta, el comandante). Caiga quien caiga”. Y ellos se quedaron callados, según relataba el sábado la señora Ponce en la tienda que tiene su familia en el barrio popular de Tepito, de donde son casi todos los secuestrados. Su hermana Leticia, esposa de “El Tanque”, lidera al grupo de familiares. Antes pedía a su hijo vivo, ahora pide justicia. “Esto no ha terminado. Apenas ha empezado”, decía.
Señas particulares
Los familiares también se reunieron con funcionarios de la fiscalía federal. Julieta González, madre de la desaparecida Jennifer Robles, de 23 años (otra de las ya identificadas), intervino de manera contundente. El personal de la fiscalía trató de apaciguarlos y la señora González, una mujer de carácter huracanado, les dijo que no los tomasen por “pendejos”. Las familias, que después de sobrellevar un proceso de investigación lento y errático, están muy suspicaces, no se creen que la fosa haya sido localizada por casualidad en un operativo de búsqueda de armas, como ha explicado la fiscalía federal, ni confían tampoco en la fiabilidad del peritaje.
Las familias revelaron el domingo, tras reunirse con la fiscalía, que se habían identificado 10 cadáveres. Oficialmente, sólo había uno individualizado mediante pruebas de ADN. Para la identidad de otros cuatro de ellos se basaron en signos como tatuajes y prótesis quirúrgicas. Este último detalle también causó confusión entre familiares, dado que el jueves, el fiscal del DF había afirmado que los cuerpos estaban tan deteriorados que sólo se podrían reconocer con pruebas genéticas.
Ana María Vargas, madre de Guadalupe Karen Morales, de 25 años, comentó que las autoridades le dijeron que a su hija la identificaron, a falta aún de la comprobación del ADN, por el tatuaje de dos delfines entrelazados que llevaba en una cadera. La señora Vargas no se explicaba cómo se puede mantener visible un dibujo así en un cadáver descompuesto.
El inicio del fin del caso Heavens lleva el mismo sello de tantos otros casos de desapariciones en México: la falta de confianza en las autoridades y la aparente impunidad de los responsables del crimen.
La hipótesis oficial, basada en un detenido
¿Venganza? Los 12 jóvenes secuestrados en un bar de la ciudad de México hace tres meses, la mayoría de cuyos restos aparecieron en una fosa clandestina, según los primeros peritajes, fueron capturados y asesinados en venganza por el homicidio de un distribuidor de drogas, según un detenido por el caso.
Declaración. El detenido Víctor Manuel Aguilera García dijo: "El motivo por el cual fueron sustraídos fue como represalia al homicidio de Horacio Vite, alias 'el Chaparro'''. Vite fue asesinado días antes del secuestro y era señalado como distribuidor de droga de un grupo llamado La Unión Insurgente.

