Cuanto peor, mejor en Palestina
Israel casi puede dictar la política estadounidense en Medio Oriente, con Barack Obama o sin él. Miguel Ángel Bastenier.
Israel casi puede dictar la política estadounidense en Medio Oriente, con Barack Obama o sin él. Estados Unidos e Israel desplegaron estos días su diplomacia para impedir que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) pida ante la Asamblea General de la ONU que la organización reconozca la existencia de un Estado palestino.La aprobación de una resolución en ese sentido no modificaría, por supuesto, la realidad de la intermitente, parcial e indefinida ocupación israelí de Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza, con lo que ese Estado sería tan solo virtual.Pero la ANP calcula que con ello infligiría un golpe propagandístico al Estado israelí, condenado una vez más ante el mundo por su dudoso interés en negociar la creación de una Palestina independiente, al tiempo que demostraría que es capaz de renunciar al paraguas diplomático norteamericano, a la vista de la impotencia del presidente Obama para impedir que Israel siga poblando de colonos los territorios ocupados.La presión de Washington sobre los palestinos puede que sea tan extrema como para explicar la demora en tramitar aquella petición ante la ONU. Estaba previsto que la moción de la ANP, que sólo está reconocida como organización internacional con condición de observadora, se presentara estos días para debatirse a fin de mes, pero el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, advertía que ya no había tiempo para hacerlo en septiembre.El presidente de la ANP, Mahmud Abbas, quien posiblemente duda sobre lo que conviene hacer, está metido por ello en un enredo del que difícilmente saldrá sin nuevos desperfectos. Respuestas a las protestas. La llamada Primavera Árabe tenía que provocar alguna reacción en medio del movimiento palestino, y fueron dos. Una legal y burocrática, ante la ONU; y la otra terrorista y contraproducente, los atentados de facciones radicales, a los que Israel respondió con la contundencia que era de esperar. La ANP, que seguramente se conformaría con pasar de organización a Estado aunque siempre con el limitado carácter de observador, trataba de hacer lo máximo que molestara lo mínimo a Washington; y la respuesta terrorista, por su parte, no hacía más que debilitar el apoyo internacional a la ANP.¿Cuál es la respuesta de Israel? Aparte de la acción diplomática sobre unos 70 estados de los 156 con que mantiene relaciones, donde considera que su presión puede surtir algún efecto, no parece que promueva grandes iniciativas.La facilidad con que el gobierno de Benjamin Netanyahu sabe responder ya "no" es legendaria, como muestra la reciente negativa a presentar excusas a Turquía, tras la publicación del informe de la ONU sobre el abordaje de una embarcación turca que se dirigía a Gaza, en el que un comando israelí dio muerte a nueve activistas.El informe sólo acusa a los asaltantes de empleo de "fuerza excesiva". Pero el ataque se produjo en aguas internacionales, tanto tripulación como pasajeros eran inofensivos y la misión, cierto que antisionista y de propaganda, transportaba únicamente ayuda para los habitantes de la Franja, a quienes no suele sobrarles de nada. No parece que la fuerza fuera lo único excesivo.La consecuencia de la negativa a reconocer el grado de responsabilidad que corresponde fue la congelación absoluta de relaciones del gobierno de Ankara con el de Israel. Pero Netanyahu es imperturbable. Tel Aviv ya está acostumbrada a estar sola contra el mundo, como demuestra la ley recientemente aprobada en el Knesset, que tipifica como delito cualquier apoyo de sus ciudadanos a medidas internacionales de boicot, tanto de naturaleza intelectual –reuniones universitarias– como material –la exportación de frutas y verduras de los territorios ocupados–. El apoyo de Washington resuelve todos los problemas.Lo clásico sería en este caso referirse al lobby israelí en Estados Unidos como explicación de que el gobierno israelí casi pueda dictar la política norteamericana en la zona, con Obama o sin él en la presidencia.Pero las cosas son más sencillas. Washington, y más aún en momentos de conmoción en el mundo árabe como los actuales, sabe en quién puede confiar en último término. Es esa utilidad de Israel la que le da peso a su política. Con Estados Unidos como respaldo, Israel no puede sentirse jamás aislada.La notoria insuficiencia de ambos enfoques del problema –el político y el terrorista– nos remite a un eterno callejón sin salida, aquel que tampoco pudo resolver la segunda y última Intifada.

