Contundencias, negaciones, urgencias y razones
Las interpretaciones de los números del balotaje dieron rápido paso a cruces y conjeturas sobre el margen de acción que tendría el segundo gobierno de Michelle Bachelet.
El contundente triunfo de Michelle Bachelet sobre Evelyn Matthei en el balotaje del domingo y la búsqueda de causas y consecuencias de la fuerte abstención que pareció traer consigo de la mano el voto voluntario afloraban en múltiples lecturas del día después de los comicios (Ver "Quiero tiempo para elegir a los mejores").
“Ha habido una estrategia comunicacional de La Moneda y la derecha, tratando de colocarse el parche antes de la herida”, decía ayer a un grupo de periodistas –entre los que estaba este enviado– el senador socialista Jorge Pizarro, presidente de la Cámara Alta chilena.
Pizarro salía así al cruce de quienes en la Alianza oficialista repetían desde el atardecer del domingo pasado que una abstención del 58 por ciento de los empadronados afectaba la legitimidad del futuro gobierno, por amplia que fuera la victoria sobre su rival del segundo turno, o al menos suponía un freno a “medidas extremas”.
El senador socialista también alegaba que los 3.468.389 votos logrados por Bachelet se acercaban bastante a los 3.591.182 sufragios que Sebastián Piñera obtuvo hace cuatro años frente a Eduardo Frei. “¿Quieren decir que estos cuatro años hemos tenido un presidente ilegítimo”, se preguntó con sorna Pizarro, quien sin embargo admitió que la exigencia de los chilenos va a ser alta en este segundo mandato de la primera mujer presidenta del país.
Con igual tono, la alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá, pidió a la derecha que no adjudique intenciones equivocadas a quienes no fueron el domingo a votar y que “tenga una actitud patriótica y constructiva, en lugar de parapetarse amparada en la Constitución de 1980”.
Uno de los destinatarios de los mensajes de Nueva Mayoría era el exministro Laurence Golborne, el primer “candidato de la derecha que no fue” de cara a estas presidenciales.
Los dardos cruzados entre los dos bloques mayoritarios en el país fueron parte de una realidad que ni los protocolares gestos entre candidatas contrincantes o del mandatario saliente a su futura sucesora, convertidos ya en tradición, lograron disimular.
Tampoco serán fáciles de disimular las diferencias de interpretación que puede haber en el futuro oficialismo ante temas clave de su programa de gobierno, si el tiempo pasa y ellas no se hacen efectivas aunque más no sea en su génesis.
La nueva Constitución, las reformas educativas o de la salud y los cambios tributarios para lanzar estas últimas deben satisfacer pronto a quienes apoyaron el domingo esos cambios en las urnas e intentar hacer replantear su conducta a quienes se quedaron en casa, o fueron a comprar los regalos del “viejito pascuero”, pensando que daba lo mismo.
Para ello, en Nueva Mayoría deberán recordar lo que dijo uno de sus dirigentes: “Aquí no sobra nadie, al contrario, hay que sumar”.
Las desigualdades sociales y de oportunidades cotidianas que los buenos números macroeconómicos suelen soslayar ya generaron fuertes tensiones en Chile frente al gobierno saliente.
Bachelet volverá a La Moneda el 11 de marzo de 2014. Para el día 22 de ese mes, estudiantes, trabajadores, ambientalistas, mapuches, promotores de la diversidad sexual y otros movimientos sociales ya han convocado a una marcha integrada para recordar que sus reclamos esperan respuesta.

