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Con sanciones a Irán, EE.UU., Rusia y China frustran gestión de Lula

Las grandes potencias se movilizan para abortar el acuerdo que Brasil y Turquía lograron en Teherán.

19 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
El País, de Madrid
Con sanciones a Irán, EE.UU., Rusia y China frustran gestión de Lula
(AP).

Washington. Anticipándose a lo que entiende como un intento de generar un cortocircuito en su política exterior, Estados Unidos anunció ayer un acuerdo con las principales potencias de las Naciones Unidas, incluidas Rusia y China, para aprobar de inmediato sanciones contra Irán.

De esta manera, el gobierno de Barack Obama quiere evitar que Irán utilice el acuerdo anunciado por Brasil y Turquía para ganar tiempo en el desarrollo de su programa nuclear.

El anuncio, hecho por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, ante el Congreso, permite acelerar el debate en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde ayer empezó a circular el borrador de lo que será un severo paquete de medidas contra el régimen iraní.

Pero, sobre todo, consigue abortar el intento de diplomacia alternativa que dos países de gran influencia entre el grupo de naciones emergentes -uno de ellos musulmán, el otro, una potencia económica- parecían poner en marcha con el acuerdo sobre Irán.

Sin nombrarlos. "Alcanzamos un acuerdo sobre un duro borrador con la cooperación de Rusia y China", declaró Hillary ante un comité del Senado. "Creo que este anuncio es una respuesta convincente a los esfuerzos desarrollados en Teherán en los últimos días", añadió.

Aunque no lo dijo, la secretaria de Estado se refería a la reunión que el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, mantuvieron el domingo en Teherán con el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, y que concluyó con un compromiso para que este último país enviara parte de su uranio a Turquía a fin de someterlo allí al proceso de enriquecimiento.

Ese acuerdo despertó las sospechas de los países que integran el P5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad más Alemania), que vieron la operación como una maniobra política promovida por dos países con fuertes intereses económicos en Irán y con voluntad de ganar relevancia internacional.

En Washington, el acuerdo de Teherán se interpretó como una artimaña para evitar las sanciones, y el Departamento de Estado apretó al máximo el acelerador en una negociación que caminaba con el habitual ritmo cansino que se practica en Naciones Unidas.

Esa urgencia se explica, en parte, por la amenaza de que Irán construya un arma nuclear. Pero, sobre todo, por la cumbre de Teherán. "Hay una serie de preguntas sin respuestas sobre el anuncio procedente de Teherán", expresó Hillary.

Algunas de ellas son preguntas que afectan al predominio de la política exterior de Estados Unidos e incluso al papel de las otras grandes potencias. ¿Pueden Brasil y Turquía decidir los grandes asuntos de preocupación internacional? ¿Intentan esas naciones ser el embrión de un modelo alternativo al del Consejo de Seguridad? ¿Tienen Rusia y China también razones para preocuparse por esa posibilidad?

Un revés. Para Obama, que había apostado por Lula, por el diálogo con Irán y que visitó Turquía en su primera gira internacional, este encuentro en Teherán resultaba casi embarazoso, un revés a su política exterior.

Cualquiera que fuera el propósito de Brasil y Turquía, lo cierto es que Estados Unidos, Rusia y China creyeron oportuno actuar con rapidez y contundencia.

Aunque el proyecto de resolución sobre las sanciones no es todavía un texto cerrado, distintas fuentes adelantaron que incluye medidas que pueden causar un daño considerable a la economía del régimen islámico y, sobre todo, a su clase dirigente.

El proyecto puede incluir el boicot a todas las instituciones financieras conectadas con la Guardia Revolucionaria iraní, un cuerpo de elite que se ocupa del programa nuclear y que dirigió también la represión de las protestas populares de los meses pasados, y la inspección internacional de los barcos procedentes de puertos iraníes cargados con productos que los países vigilantes consideren sospechosos.

Irán ha sufrido sanciones en otras tres oportunidades y no han impedido el progreso de su programa nuclear. Quizá esta vez tampoco sirvan.

Sin embargo, el régimen es más débil en esta ocasión. Las protestas abrieron una brecha entre el gobierno y la población que un mayor aislamiento internacional podría ayudar a profundizar.