Con menos tensión, sigue el descontento
Una calma aparente enmarcó la jornada de ayer en Brasil, con algunas manifestaciones aisladas y sin la masividad de las protestas que derivaron en serios incidentes la semana pasada. Las expectativas se centraban ayer en los anuncios que haría mañana Rousseff.
San Pablo. Después de una semana de protestas frenéticas, una aparente calma descendió ayer sobre Brasil, aunque hubo algunos disturbios aislados y anoche se esperaba que más personas se lanzaran en las próximas horas a las calles en manifestaciones contra la corrupción.
Las protestas que comenzaron en San Pablo y Porto Alegre, pasaron luego a Río de Janeiro y rápidamente se extendieron a todo el país. Una encuesta divulgada ayer indicó que todos los estados del país tuvieron una protesta de algún tipo en 438 condados. El momento culminante fue el jueves pasado, cuando un millón de personas se lanzó a las calles.
En la jornada de ayer hubo manifestaciones pequeñas en unas pocas ciudades, sin que se reportaran enfrentamientos. Un día antes, 250 mil brasileños participaron en protestas, pero fueron menos violentas que las de días anteriores.
El movimiento, que comenzó con una larga lista de quejas por todos los males que afectan al país, se ha concentrado en las últimas horas en exigencias de reforma política para atacar la extensa corrupción.
La repentina explosión de descontento y el despertar político de los brasileños ha dejado a todos desconcertados, entre ellos a la presidenta Dilma Rousseff, lo que ha creado incertidumbre sobre qué sucederá a corto plazo, en el tramo final de la Copa Confederaciones de fútbol y ante la visita del Papa el próximo mes. Pero la incertidumbre incluyó la realización del Mundial de Fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016.
La cadena de televisión Globo reportó ayer que se espera que el gobierno de Rousseff anuncie mañana su primera respuesta concreta al movimiento: fondos adicionales para programas de servicios médicos con el fin de capacitar a más profesionales de la salud.
Está claro que, aunque la actual agitación puede calmarse, los brasileños usarán los grandes eventos deportivos como razones para reunirse en masa y exigir cambios.
“Las protestas seguirán, la gente se ha politizado”, dijo Marcos Mahal, un economista de 47 años, durante una protesta en San Pablo. “La violencia que vimos fue obra de grupos marginales que intentan desmoralizar al movimiento popular, pero no se saldrán con la suya. Las masas pacíficas continuarán su labor”.
Una nueva encuesta concluyó que 75 por ciento de los ciudadanos apoyan las manifestaciones. Publicada por la revista semanal Época, el sondeo fue realizado por el Instituto Ibope, que entrevistó a 1.008 personas en todo el país entre el 16 y el 20 de junio, con un margen de error de tres puntos porcentuales.
A pesar del apoyo abrumador a las protestas, 69 por ciento de los encuestados dijo estar satisfecho con su vida y optimista sobre el futuro. En Brasil el empleo es casi pleno y 40 millones de personas han pasado a integrar la clase media en los últimos 10 años.
Pero desde que tuvo un crecimiento económico de 7,5 por ciento en 2010, la expansión se desplomó a sólo 0,9 por ciento el año pasado. Aunque en gran medida Brasil ha logrado protegerse de la crisis financiera mundial sobre la base de gasto interno del consumidor, los que compraron mucho a crédito en años recientes ahora están en problemas. La inflación comenzó a aumentar y el país tiene un alto costo de la vida, en buena parte debido a la ineficiencia del gobierno en mejorar la infraestructura básica como carreteras, puertos, ferrocarriles y aeropuertos, lo que aumenta el costo de producir bienes y entregarlos a consumidores.
Los brasileños también pagan más impuestos que cualquier otro país fuera del mundo desarrollado, equivalente a 36 por ciento del producto interno bruto.
4.000 personas en Río
Contra la impunidad. Unas cuatro mil personas participaron ayer en Río de Janeiro de una protesta contra una enmienda constitucional que estudia el Congreso brasileño para reducir los poderes de investigación del Ministerio Público y que, según los manifestantes, puede favorecer la impunidad.
Domingo, cerca del mar. Los manifestantes se concentraron en la tarde de ayer en la famosa playa de Copacabana y marcharon por el paseo marítimo hasta las vecinas Ipanema y Leblón, donde se juntaron a un pequeño grupo que acampa hace dos días frente a la residencia particular del gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral.
Mañana, en San Pablo
El Movimiento Passe Livre (MPL), organizador de las primeras marchas en San Pablo contra el aumento del transporte público y que anunció que dejaría de llamar a movilizaciones, convocó ayer a una nueva manifestación para mañana.

