Comenzó el ataque, ¿comenzó la guerra?
Comparando con otros conflictos bélicos, la intervención de la Otan en Libia se concretó rápidamente. Alejandra Conti.
La guerra en Bosnia comenzó en abril de 1992, pero recién en 1994 se produjo la intervención de la Otan para poner freno a lo que posteriormente se reconoció como un genocidio. A los pocos meses, cuando finalizó el conflicto, los muertos eran más de 100 mil y los desplazados, casi dos millones.La aberrante operación de "limpieza étnica" contra los bosnios musulmanes por parte de los serbios casi se agotó por sí misma antes de que la comunidad internacional interviniera.Los libios no tuvieron que esperar tanto. Tienen petróleo y gas y una posición estratégica en el Magreb y de influencia en Medio Oriente. Económica y geopolíticamente son mucho más importantes para las potencias occidentales que los bosnios musulmanes.La Otan, encabezada por Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, inició ayer un operativo militar por aire en Libia para poner en vigencia la zona de exclusión aérea establecida esta semana por la resolución 1.973 del Consejo de Seguridad de la ONU. La zona de exclusión implica acciones de guerra (se atacan bases en el terreno), aunque tenga el objetivo explícito de proteger a los civiles.Hasta ayer, no eran pocos los que apostaban que el interés europeo-norteamericano en la región no daba como para comenzar una campaña bélica de consecuencias impredecibles. El empujón final para el comienzo de las acciones fue dado por la participación de la Liga Árabe en las negociaciones con la Otan y por el hecho de que ni Rusia ni China decidieran vetar la resolución en el Consejo.Este conjunto de factores avala una resolución llena de expresiones de buenos deseos, como la protección a los civiles contra un régimen despótico y los principios establecidos en los capítulos VII y VIII de la Carta de las Naciones Unidas. Excluye una ocupación. La resolución es clara cuando autoriza a los países miembros de la organización a tomar "todas las medidas necesarias" para revertir esta situación, al tiempo que excluye expresamente la posibilidad de una ocupación. En esto, Estados Unidos ha cedido el protagonismo a sus socios de la Alianza Atlántica.En su blog en la BBC online, el periodista Mark Mardell remarcó una idea que Barack Obama repitió con diferentes palabras a lo largo de un mismo discurso: "Estados Unidos trabajó con sus aliados y socios para conformar una fuerte respuesta internacional" a Kadhafi. "Estados Unidos se apresta a actuar como parte de una coalición internacional". "No es una acción que vayamos a encarar en solitario". "La acción es necesaria, pero no vamos a actuar solos". Más claro...Para los opositores a Obama, su actitud equivale a inacción y renuncia al liderazgo natural que (según consideran) Estados Unidos debería ejercer en el mundo. Para sus partidarios, en cambio, se trata de un nuevo tipo de liderazgo, el de un estadista, no el de un gendarme.El objetivo es evitar que Estados Unidos aparezca lisa y llanamente como invasor, y que Libia se convierta en otro Irak. Eso resultaría contraproducente con las fuerzas rebeldes y le daría aire a Muamar Kadhafi, que tiene en la lucha contra el imperialismo su más perdurable caballito de batalla. De allí el rol preponderante de la Otan y la Liga Árabe. Peligro de partición. Respecto del futuro inmediato, hay quienes consideran que Libia podría quedar partida en dos si la situación se estanca. No sólo porque Kadhafi podría quedarse con el oeste y los rebeldes con el este, sino porque entre la misma oposición hay diferencias culturales y tribales. El sector de Kadhafi se convertiría otra en vez en un Estado canalla, o menos que eso, sin entidad nacional pero con poder para causar problemas.A los países occidentales les conviene que este conflicto se supere lo antes posible para asegurarse no sólo la provisión de petróleo y gas, sino también para que se reinicie el control de la frontera norte de África (para impedir la salida de migrantes ilegales), para que no se complique más la situación entre israelíes y palestinos y para que Irán no encuentre nuevos argumentos para aumentar su beligerancia. También sirve para marcarle la cancha a las petromonarquías (como las llama Ignacio Ramonet). Que sus líos internos no arruinen los negocios, que de eso se trata. Y, finalmente, para retomar sus ventas de armas. Kadhafi fue un gran cliente (hace apenas 15 días que los europeos declararon la suspensión de venta de material de guerra) y un nuevo gobierno necesitará nuevos pertrechos. Guerra y dinero van de la mano, siempre.

