Temas del día:

Cartas sin quemar

A lgunos documentos aparecieron entre los escombros, junto a la embajada británica en Trípoli. Marcelo taborda.

07 de septiembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Cartas sin quemar

A lgunos documentos aparecieron entre los escombros, junto a la embajada británica en Trípoli. Otros, en las saqueadas oficinas de Musa Kusa, el antiguo canciller de Muamar Kadhafi, quien en marzo pasado desertó en Londres. Los papeles secretos llegaron a manos de rebeldes, periodistas y miembros de la organización Human Rights Watch y no tardaron en lograr eco mundial, reproducidos por diarios como The New York Times o los ingleses The Guardian y The Independent , entre otros. Los hallazgos incluyen desde documentos con membrete o recomendaciones informales y cifradas hasta cartas personales remitidas por altos cargos de dos potencias que impulsaron los "bombardeos humanitarios" a favor del derrocamiento de un gobierno. Primero, desde las capitales occidentales se negó valor documental a los escritos que, entre otras cosas, dan cuenta de la estrecha relación y la mutua cooperación que hubo en la primera década de este milenio entre la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) o servicios secretos como el MI6 del Reino Unido y sus pares de Alemania o Canadá con las autoridades de Libia, que ahora tanto fustigan.Pero algunos documentos incluían hasta el detalle y número de preguntas (89) que interrogadores libios, con fama de mano dura y escaso apego a las garantías, tenían encomendado realizar a los sospechosos de terrorismo que la CIA y otros aparatos de espionaje aliados capturaban en cualquier parte del mundo y trasladaban en sus vuelos secretos. Hay referencias de ocho de esos vuelos hacia Libia, aun cuando había imputaciones que ligaban a los órganos represivos de este país con torturas. Cuando voceros de la CIA y del Departamento de Estado norteamericano procuraban relativizar los vínculos con Kadhafi y su estilo, considerándolos "cooperación normal", sonaron con estridencia los dichos de Abdul Hakim Belhaj, uno de los rebeldes que tomaron Trípoli, quien relató su arresto en 2004, en Bangkok, y el envío en vuelo secreto a su Libia natal donde dijo haber sido torturado.Belhaj, con el nombre de batalla de Abu Abdullah Sadiq, fue un alto cargo del Grupo de Combatientes Islámicos Libios, organización disidente con células en Gran Bretaña y nexos con la red Al Qaeda, los talibanes afganos y la jihad (guerra santa) egipcia. Aparte de su relación con los sindicados luego como autores de los atentados del 11-S, al grupo de Sadiq se le adjudican al menos tres intentos de asesinar al coronel libio en los años 90. Ahora, el comandante rebelde exige algo más que una disculpa de Washington y Londres por haberlo entregado al kadhafismo y haber facilitado al gobierno de Trípoli datos acerca de grupos que lo combatían desde el exilio. Silencios quebrados. El caso de Belhaj, además, abonaría afirmaciones de Kadhafi tras el inicio de la rebelión en Bengazi, cuando advirtió a las potencias occidentales que muchos insurgentes a quienes habían decidido apadrinar con sus misiles y asistencia eran los radicales islamistas contra los que hizo el trabajo sucio. El conservador David Cameron pondera hoy a figuras como Sadiq y promete investigar nexos con Kadhafi que achaca a Tony Blair o Gordon Brown, sus predecesores laboristas en Downing Street. Pero Cameron no ignora que el ex kadhafista Kusa, quien buscó asilo en su país, fue director de la Organización para la Seguridad Externa libia y el destinatario de cartas que muchos hoy preferirían ver quemadas. Kadhafi prometió en marzo revelar sus "contribuciones" y negocios con líderes occidentales. Por ahora, papeles hallados aluden a un doctorado de Seif al Islam, el hijo que sonaba como su sucesor, facilitado por Londres; o viajes de otros dos vástagos, Saadi y Jamis, a ejercicios de fuerzas especiales británicas. Otros textos sugieren que su discurso de renuncia a las armas de destrucción masiva, en 2003, lo escribió el Pentágono.Entre los escombros de un conflicto aupado desde afuera, afloran elementos y voces que pueden ayudar a interpretar el último decenio, no sólo de Libia. Claro que hay no pocos interesados en establecer un nuevo statu quo que prolongue silencios y secretos que podría llevarse a la tumba una pieza clave del tablero, a quien desde hace rato se busca vivo o muerto...