Carlos de Dios Murias, un mártir con destino de beato
En Roma se especula con que el sacerdote asesinado durante la dictadura sería el primer beatificado por Francisco. El proceso fue iniciado mientras Bergoglio conducía la Iglesia argentina.
La historia trágica que escribió el terrorismo de Estado en la Argentina da cuenta de que los curas Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville fueron secuestrados, torturados y asesinados por matones de la dictadura militar el 18 de julio de 1976 en la localidad riojana de Chamical. El nombre de ambos sacerdotes había quedado guardado en la memoria de sus seres queridos y en los expedientes del juicio que se ventiló por ese hecho y por el cual terminaron condenados a prisión perpetua tres represores, entre ellos Luciano Benjamín Menéndez (ver "Fue una caricia para el alma").
Sin embargo, el nombre de Murias volvió a surgir ayer como una grata reivindicación. La posibilidad de que el sacerdote sea el primer beato proclamado por el papa Francisco se sumó a la cadena de episodios que dejó el inicio formal del pontificado del ex cardenal Jorge Bergoglio.
La noticia repercutió en la Argentina luego de que el diario La Stampa citara declaraciones del sacerdote Carlos Trovarelli, provincial de los Frailes Menores Conventuales en Argentina y Uruguay: "La causa para la canonización (de Murias) la comenzó Bergoglio en mayo de 2011, cuando firmó los papeles correspondientes. Y lo hizo con discreción para evitar ser bloqueado por otros obispos argentinos que aún se oponen a iniciativas similares basadas en el compromiso social de los sacerdotes", afirmó Trovarelli.
En realidad, el proceso de beatificación de Murias fue iniciado por la diócesis de La Rioja cuando el hoy papa Francisco estaba al frente de la conducción de la Iglesia Católica.
Discípulo de Angelelli. Durante aquella noche de julio de 1976, Murias y Longueville (éste de nacionalidad francesa) fueron secuestrados en la casa parroquial de la Iglesia El Salvador, en Chamical, por un grupo de tareas cuyos miembros se identificaron como policías federales. Ambos religiosos fueron trasladados en un Ford Falcon color azul a la Base Aérea de Chamical, que por entonces estaba al mando del comodoro Luis Fernando Estrella. En esa dependencia militar fueron interrogados y torturados. Al día siguiente, sus cuerpos aparecieron sin vida, con varios disparos de arma de fuego, en cercanías de la misma Chamical.
Murias era un ferviente discípulo del entonces obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, de quien es conocida su lucha en favor de los pobres y los campesinos de esa provincia. No demoró Angelelli en buscar pistas que lo llevaran a hurgar las causas de los crímenes de los dos curas. Pero a él también lo esperaba el mismo destino trágico. El 4 de agosto de 1976, el prelado viajaba en su automóvil a Buenos Aires desde Chamical con documentación sobre los homicidios de Murias y Longueville. A la altura de Punta de los Llanos, sobre la ruta nacional 38, Angelelli perdió la vida al volcar su auto luego de ser embestido por otro rodado.
Durante años el crimen del obispo se intentó encubrir bajo la figura de un accidente vial.
Luego de recurrentes postergaciones y sospechas de injerencias del poder político riojano, el juicio por los asesinatos de Murias y Longueville se puso en marcha el 16 de agosto de 2012 en La Rioja.
El proceso estuvo a cargo del Tribunal Oral presidido por el juez de esa jurisdicción José Quiroga Uriburu e integrado como vocales por los magistrados federales cordobeses Jaime Díaz Gavier y Carlos Lascano. La fiscalía estuvo a cargo de Carlos Gonella (también de Córdoba) y Darío Illánez, En el banquillo de los acusados se sentaron Menéndez, Estrella y el ex policía riojano Domingo Benito Vera, considerado un peso pesado durante los años de plomo.
En el juicio quedó probado por los testimonios de testigos que el ex comisario Vera intervino de manera directa en el interrogatorio a los dos sacerdotes en la Base Aérea, como así también de haber ejecutado los disparos que terminaron con la vida de los religiosos.
Al cabo de cuatro meses de audiencias, el 8 de diciembre de 2012 se conoció el veredicto del Tribunal: prisión perpetua para ex jefe del tercer Cuerpo de Ejército, Estrella y Vera, por los crímenes de “lesa humanidad” de los que fueron víctimas los curas Murias y Longueville.
Aquel Carlos de Dios Murias, franciscano, conventual, vuelve a sonar más allá de los expedientes de Tribunales. El papa Francisco lo ha puesto en su merecida dimensión.
Hace poco lo recordaron
La Secretaría de Derechos Humanos de Córdoba, organismos y la Iglesia homenajearon hace casi dos años a Carlos de Dios Murias en San Carlos Minas, donde se descubrió una placa en su honor. “Él siempre venía a San Carlos Minas. Fue un muchacho que tenía todo y dio la vida por los pobres”, recordó ayer Raúl Sánchez, secretario de Derechos Humanos.

