Bolsonaro cumple
Nadie puede negar que el Presidente de Brasil busca cumplir lo que prometió en campaña. El problema es lo que eso significa. Bolsonaro ya marca el paso en Brasil y en la región.
A casi una semana de la asunción de Jair Messias Bolsonaro, comienzan a disiparse los enigmas sobre el cariz que tomará su gestión como flamante presidente de Brasil.
Hasta ahora, todo indica que el candidato ultraderechista mantendrá su agenda de campaña y que se encamina a cumplir la mayoría de las promesas que hizo entonces, y por las que lo votaron.
Un detalle de todo eso es lo que se analiza en el Primer plano de esta edición. Se explican cada una de las medidas que el mandatario planteó en los últimos días: desde las reformas previsional y laboral hasta las privatizaciones, o la intención de darle inmunidad a la Policía en su "mano dura" contra el delito, pasando por su intolerancia hacia otros pensamientos o con las minorías.
De todo ese análisis surge un hecho difícil de rebatir: Bolsonaro cumple. El gran problema –y el gran temor– es que dicho cumplimiento implicará, seguramente, un deterioro democrático para el gigante país vecino.
Si todo sigue en ese camino, los pronósticos de retroceso de derechos humanos, laborales o políticos dejarán de ser sólo pronósticos.
También preocupan, como ya publicamos en informes anteriores, las consecuencias que las medidas económicas de esa nueva gestión puedan tener para el Mercosur y, por ende, para Argentina.
Una frase habitual sirve para ilustrar la influencia del país vecino sobre nuestro territorio: Brasil estornuda y la Argentina se resfría.
Tenemos motivos de sobra para preocuparnos, y no sólo por la cuestión comercial.
Los sectores religiosos más conservadores que ayudaron a Bolsonaro a llegar a la presidencia apoyan, por supuesto, sus políticas. Y han demostrado tener un poder de fuego coordinado, como fue evidente en Argentina con las discusiones sobre el aborto o la Educación Sexual Integral.
Puede que aún sea pronto para emitir juicios de valor sobre Brasil, pero ya hay demasiadas pistas.

