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Bachelet y Matthei, contra el fantasma de la abstención

Las candidatas chilenas cerraron sus campañas con llamados a sufragar, pero las motivaciones de ambas difieren mucho. Marcelo Taborda, enviado especial a Chile. 

14 de diciembre de 2013 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Bachelet y Matthei, contra el fantasma de la abstención
A sus 62 años, Michelle Bachelet busca un segundo mandato presidencial (AP).

Con un calor que parece más propio del Santiago de Argentina y una falta de lluvia que hace honor al año que se va, el tercero más seco en este lado de la Cordillera, desde 1866, la capital de Chile vivía ayer su penúltimo viernes de la primavera 2013 y el primero de dos días de veda electoral y reflexión antes del balotaje presidencial de mañana.

Entre los puestos ambulantes que venden gigantescas frutillas y cerezas (guindones, las rotulan aquí) y se asoman a La Alameda desde el paseo Serrano, o los escaparates especialmente montados en las peatonales para ventas con motivo de la inminente Navidad, no se adivina ni fervor preelectoral ni grandes expectativas por lo que pueda surgir de las urnas.

Apenas los quioscos de diarios y revistas, y algunas gigantografías con los rostros de las dos candidatas animadoras de la segunda vuelta y sus eslóganes recuerdan que en este 15-D se dirime quién sucederá a Sebastián Piñera en La Moneda por cuatro años, desde el 11 de marzo de 2014.

El fantasma del abstencionismo, que se hizo ver en el primer turno del 17 de noviembre pasado, inquieta tanto a la favorita de todos los sondeos y ganadora clara de ese día, Michelle Bachelet, como a la candidata de la agrietada alianza oficialista de derecha, Evelyn Matthei.

Pero los motivos de preocupación no obedecen a las mismas razones. Bachelet apuesta a la mayor cantidad de votantes posible para estirar su clara diferencia del primer round y para evitar chicanas relativas a su legitimidad, en caso de que la abstención supere a aquel 50 por ciento de los empadronados que tuvo en el debut del voto no obligatorio para elecciones presidenciales.

El 17 de noviembre, Bachelet se quedó con el 46,67 por ciento de los votos frente al 25,01 de Matthei. Ambas fueron las dos más votadas de un total iné­dito de nueve candidatos. Pero un dato insoslayable de esos comicios con inscripción automática y voto voluntario fue que sólo acudieron a las urnas 6.699.011 electores de los más de 13,5 millones habilitados para sufragar.

Con el sistema de empadronamiento voluntario y voto obligatorio para aquellos que se registraban, los llamados a las urnas –desde el regreso de la democracia, el 11 de marzo de 1990– se acercaban a los 8,5 millones, de los que unos 7,5 millones solían ir a votar. Las de este año podrían ser entonces las presidenciales chilenas de menor participación si se cumplen los peores vaticinios.

A la caza de “indiferentes”

Pero si a Bachelet le preocupan las ausencias de cara a su futuro gobierno, para Matthei una abstención similar o mayor que la de hace cuatro semanas es una lápida sobre sus aspiraciones de revertir los casi 22 puntos porcentuales que la separan de la expresidenta.

En los 25 días de campaña hacia el balotaje, Matthei aludió a los remisos de la primera vuelta e interpretó que la mayoría de esos casi siete millones de votantes no simpatizan con Nueva Mayoría, la coalición con la que Bachelet sumó a comunistas y dirigentes estudiantiles a la vieja Concertación.

En verdad, a Matthei no le queda otra que buscar apoyo en ese segmento de “indiferentes”, ya que ni el grueso del 10,80 por ciento que votó por el exsocialista Marco Enríquez Ominami, ni del 10,11 que lo hizo por Franco Parisi (tercero y cuarto en noviembre) parecerían dispuestos a darle su crédito, sino más bien lo contrario.

Lo cierto es que por uno u otro motivo, Bachelet y Matthei exhortaron en sus cierres de campaña a votar mañana. La extitular de ONU Mujeres, ante unas 10 mil personas en el Estadio Nacional, resaltó: “Creo que Chile está listo y maduro para enfrentar transformaciones”. Bachelet fustigó además algunas medidas del gobierno saliente.

En Temuco, y ante menos convocatoria que su rival, Matthei hizo guiños a la clase media y disparó una pregunta destinada a inquietar a las huestes conservadoras: “¿Por qué para mejorar la educación tenemos que cambiar la Constitución?”.