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Bachelet, el regreso

La expresidenta reveló que se postulará para otro mandato y dejó entrever cierta autonomía con respecto a la Concertación al decir: “Voy a ser candidata de una nueva mayoría”. Alejandra Conti.

31 de marzo de 2013 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Bachelet, el regreso

Comenzó la campaña electoral en Chile y del modo más extraño: se dio por iniciada con la llegada al país, directo desde Nueva York, de Michelle Bachelet, la expresidenta por la Concertación entre 2006 y 2010. Bachelet había terminado su gestión con un 80 por ciento de popularidad, a pesar de serios traspiés en el último período de su gobierno. La Constitución chilena impide la reelección consecutiva, así que, pocos meses después de traspasar el mando al empresario Sebastián Piñera, viajó a Estados Unidos, donde estuvo a cargo de la dirección de ONU Mujeres.Su popularidad se mantuvo alta a pesar de esa ausencia. Hoy exhibe un 54 por ciento de aprobación, según el Centro de Estudios Públicos (CEP), que contrasta con un 22 por ciento de otros referentes de la Concertación (centro a centroizquierda) a la que pertenece Bachelet.El presidente Piñera (centro a centroderecha), en cambio, araña apenas el 33 por ciento, mientras que las opiniones contrarias llegan al 51 por ciento, según una encuesta del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (Cerc) dada a conocer el jueves pasado.A los precandidatos oficialistas no les va mejor: los posibles rivales de Bachelet son dos exministros, Laurence Golborne (Obras Públicas) y Andrés Allamand (Defensa), con índices de popularidad de 15 por ciento y cuatro por ciento, respectivamente.En cuanto a las coaliciones políticas, el Cerc indica que el apoyo a la oposición es de 38 por ciento, mientras que el ­oficialismo cuenta con 21 por ciento. La consultora prevé un aumento de los indecisos.Esta amplia ventaja de Bachelet tiene muy ilusionados a los concertacionistas, o mejor dicho, a los partidarios de Bachelet, que no es lo mismo. Sucede que el discurso que dio la expresidenta la noche del miércoles en Santiago, recién llegada al país, dio lugar a varias interpretaciones.Para empezar, dejó entrever cierta autonomía respecto de la Concertación al decir: "Voy a ser la candidata de una nueva mayoría". Esta expresión fue la que hizo sonar la alarma entre sus aliados naturales. ¿Nueva mayoría? ¿Cómo y con quién?Bachelet no quiso decir que no necesite a la Concertación. La necesita y de hecho tiene el apoyo del Partido Socialista (PS) y del Partido Por la Democracia (PPD), ambos integrantes de la alianza hoy en la oposición que la proclamarán precandidata el 13 de abril con vistas a las elecciones primarias de junio y a las presidenciales de noviembre.También intentaría la adhesión del Partido Comunista. Pero apunta a una alianza amplia para poder conseguir el respaldo que necesita para las transformaciones que, asegura, quiere realizar. ¿Reforma, por fin? Bachelet habló sobre sus ansias de tener un país más justo, solidario, igualitario. Para esto prometió un programa de gobierno participativo, diseñado por medio de la consulta a los partidarios, "no uno hecho entre cuatro paredes". Esto indicaría su disposición a realizar cambios que la democracia chilena todavía debe a los ciudadanos, sobre todo a quienes carecen de todo privilegio. A pesar de los buenos índices económicos (el país crece sostenidamente al seis por ciento y tiene un marcador similar de desempleo), la brecha social no se achica. Chile es un país muy desi­gual, con un esquema social muy rígido. Para contrarrestar eso se imponen reformas en el sistema educativo y en las políticas fiscales.En el primer caso, los estudiantes que hace años vienen protestando con manifestaciones multitudinarias tienen razón cuando señalan una política perversa en materia educativa: la municipalización de las escuelas. En este sistema, el Estado nacional deriva en los municipios la responsabilidad de la enseñanza. Así, comunas pobres tienen escuelas pobres y comunas ricas tienen escuelas ricas (además de colegios privados).Los resultados, como no puede ser de otra manera, son el estancamiento en la pobreza de unos y el progreso en la riqueza de otros.Por otra parte, en materia fiscal, se requiere un sistema progresivo para que la gente de menos recursos no termine pagando proporcionalmente más impuestos que quienes más ganan.Por estas y otras razones, la intranquilidad social es una constante en Chile. Buena parte de estos asuntos son cuentas pendientes que reclaman quienes marchan en las calles.Estudiantes secundarios y universitarios no olvidan la represión del gobierno de Bachelet a las manifestaciones de 2006. Ese recuerdo se mantiene vivo y no va a ser fácil para la expresidenta sortear la oposición que se le va a presentar.Los mismos sectores facturan a Bachelet el hecho de que no promovió grandes cambios en el sistema educativo ni fiscalizó el sistema universitario privado. A esto se van a sumar otros temas arrastrados desde el mismo fin de la dictadura, que ni los gobiernos de la Concertación ni la actual gestión de la derecha han resuelto.Hablamos desde los mapuches y demás pueblos originarios, hasta el sistema electoral binominal, todo enmarcado en un modelo político-económico neoliberal heredado del pinochetismo que no fue modificado en su esencia y que es responsable tanto de la prosperidad chilena como también de sus profundas desigualdades.