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Ayotzinapa y sus fantasmas sobre Los Pinos

Peña Nieto, hoy jaqueado, no ha cumplido un tercio de un mandato que inició con bombos y platillos.

12 de noviembre de 2014 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
Ayotzinapa y sus fantasmas sobre Los Pinos

El 1° de diciembre, Enrique Peña Nieto cumplirá dos años en la presidencia de México, a la que llegó con promesas de cambio y donde dio pasos inaugurales cargados de elogios casi unánimes de la prensa. Al día siguiente de asumir su mandato de seis años, Peña Nieto suscribió el "Pacto por México", al que se sumaron, además de su Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Ese pacto prometía una nueva era en educación, salud, economía, inversiones (entre ellas, en el sensible tópico de los hidrocarburos) y sobre todo en seguridad y lucha contra los carteles de las drogas. La "guerra contra el narcotráfico" declarada por Felipe Calderón no sólo no desterró el flagelo sino que al final de su sexenio legó una estela de muerte y horrores desparramados por capos, sicarios y por fuerzas de seguridad infiltradas por el crimen organizado. La irrupción de civiles armados o "autodefensas" completaba un cuadro que el actual mandatario heredó pero no pareció dispuesto a cambiar de cuajo. Peña Nieto, asesorado por el exgeneral colombiano Óscar Naranjo, propuso una policía militarizada o "gendarmería" de 40 mil efectivos, sin despreciar un entrenamiento de Estados Unidos. El mandatario mejicano llegó con un perfil que parece moldeado por la misma matriz que marketineros políticos diseñaron para ciertos candidatos en la región: joven, bien parecido y con una esposa que, además de belleza, exhibe algún paso por el mundo del espectáculo. Más allá de críticas o posicionamientos sobre su línea de gobierno, Peña Nieto o "EPN" parecía tener respuestas rápidas y salir airoso ante cada situación compleja. Hasta hace un mes y medio. Los incidentes ocurridos en Iguala, a unos 200 kilómetros del Palacio Presidencial de Los Pinos y su micromundo dieron paso a otro escenario. Fue en la noche del 26 de septiembre, cuando una balacera acabó con la vida de seis civiles y desapareció a 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural del pueblo de Ayotzinapa, a quienes nunca más se vio. Investigaciones permitieron reconstruir una sórdida trama en la que el alcalde de Iguala, José Luis Abarca, y su esposa, María de los Ángeles Pineda, fueron los principales involucrados. Las pistas indican que fue la mujer del alcalde, embarcada en su propia carrera política, quien pidió a uniformados que sacaran a los "normalistas" de Ayotzinapa de la ciudad donde sería oradora en un acto. El "empeño" con que los uniformados cumplieron el encargo habría incluido la entrega de "los 43" a matones del grupo Guerreros Unidos, uno de los carteles que operan en la zona. Fosas y vergüenza sin nombre La trama se hizo aún más turbia cuando, al buscar a los estudiantes, se hallaron decenas de fosas comunes con cuerpos sin identificar que no eran de los alumnos de esa escuela, estigmatizada por autoridades que la acusan de promover grupos radicales o abastecer "combatientes" para el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (Erpi). La detención del alcalde y su esposa no acalló las protestas que ya se habían extendido por todo el país y traspuesto fronteras en el reclamo de verdad y justicia. Verdad y justicia que familiares de los desaparecidos y las miles de personas que cada vez más enardecidas llenaron calles de Chilpancingo o el DF, no hallaron en explicaciones del procurador general de México, Jesús Murillo. El funcionario transmitía el fin de semana pasado la versión de un integrante de Guerreros Unidos de que los jóvenes fueron asesinados, sus cuerpos quemados y sus restos arrojados a un río.Para entonces, los reclamos en redes sociales y el fuego de las molotov amenazaban no sólo al gobierno de Guerrero sino al propio Palacio Nacional y a su inquilino, Peña Nieto. Opulencia traicionera Si el jefe de Estado imaginaba que una gira cargada de cumbres en China, por la Apec, y Australia, por el G-20, pondría paños fríos a su peor crisis, alguien le tenía reservado algo más que un disgusto conyugal. Muestras de ostentación efectuadas tiempo atrás por la segunda y actual mujer de Peña Nieto, Angélica Rivera Hurtado, otrora actriz de novelas de Televisa, dieron pie a una investigación periodística. De ella se desprendió no sólo el precio de la vivienda personal de la mujer (más de siete millones de dólares), sino también que el nombre de la empresa ligada a ella aparecía en contratos del Estado de México, del que Peña Nieto fue gobernador, y con la concesión de un tren de alta velocidad, que "EPN" anuló en medio de la polémica. Peña Nieto no ha cumplido el primer tercio de un mandato que inició con bombos y platillos. Hoy se multiplican las voces en su contra. Los desaparecidos de Ayotzinapa no movilizan sólo a desconocidos. La escritora Elena Poniatowska o el sacerdote Alejandro Solalinde han denunciado "un crimen de Estado" o pedido la renuncia del presidente.