América hizo méritos para el Nobel
Se movilizaron 15.010.584 ciudadanos del total de 18.606.798 en condiciones de sufragar, lo que supuso una participación final del 80,67 por ciento del padrón de un país donde el voto no es obligatorio. Marcelo Taborda.
La respuesta de las urnas era clave para el futuro inmediato no sólo en ese territorio caribeño enclavado en el norte de Sudamérica, sino para los vecinos continentales de la Unasur, para sus nuevos socios del Mercosur, o sus aliados ideológicos del Alba. El resultado no pasaría inadvertido en naciones con inversiones y estrategias que hacen pie en este país de casi 30 millones de habitantes y tienen disímil peso en el tablero internacional. Entre ellas estaban China, Rusia, Irán, Bielorrusia o Siria. Todo bajo el celoso monitoreo de Estados Unidos, inmerso en su propio proceso electoral pero con la tentación de teñir de proselitismo propio lo que pasara más al sur.
Pese a oscuros e interesados augurios sobre posibles enfrentamientos, la reelección del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, con 8.136.964 votos equivalentes a 55,25 por ciento del total de sufragios, cerró una jornada ejemplar. La admisión del opositor, Henrique Capriles Radonski, de su derrota indiscutible (en el cómputo final logró 6.499.575 votos o 44,13 por ciento) aventó toda suspicacia.
Apuesta por la paz. Mientras, Colombia mira expectante hacia Oslo, donde en horas quedará instalada la mesa de diálogo entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las Farc, la más antigua y numerosa del continente.
Las conversaciones, que tras la instalación formal se mudarán a La Habana y podrían extenderse varios meses, buscan poner fin a un conflicto armado que lleva medio siglo y ha dejado miles de muertos y decenas de miles de desplazados internos.
Nadie se anima a apostar por un final feliz, partiendo de frustradas experiencias anteriores, aunque esta vez actores internos y externos del proceso hablan de contexto diferente.
Para Santos, un duro en el combate a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia cuando era ministro de Defensa de Álvaro Uribe, la apuesta tiene riesgos y su conclusión será determinante al momento de buscar su reelección en 2014. Para las Farc y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), si se suma, acaso es la mejor sino la última ocasión de reinsertarse, previo abandono de las armas.
Pero mientras La Habana esperaba por interlocutores del diálogo colombiano, toda Cuba se sacudió ayer con la noticia de que el gobierno de Raúl Castro eliminará desde el 14 de enero de 2013 las más tediosas restricciones que vedan desde hace décadas la salida de la isla de sus ciudadanos. El anuncio fue visto como el mayor y más esperado viraje político de los prometidos desde que asumió en 2008.
Por la Casa Blanca. Y casi al mismo tiempo en que el foco se posaba sobre el Caribe y Washington daba una ambigua bienvenida a la apertura cubana, el actual inquilino de la Casa Blanca, Barack Obama, y quien aspira a desalojarlo el 6 de noviembre, Mitt Romney, ultimaban estrategias para el debate de anoche en Nueva York.
Con la posibilidad de interactuar con quienes están llamados a votar el primer martes del mes próximo, Obama y Romney se esforzaron por dominar una escena a la que llegaron en un virtual empate técnico.
Desgastado en su retórica por cuatro años de una dura puja con la crisis económica y la oposición conservadora del Tea Party , el primer presidente negro de Estados Unidos vuelve a depender de grupos afroamericanos, de hispanos, de mujeres y de jóvenes que venzan su apatía para ganar como en 2008. Pero el entusiasmo y las adhesiones al "Sí, podemos" que generó Obama con su mensaje de cambio hace cuatro años tienen ahora el contrapeso de promesas incumplidas que el republicano Romney buscará capitalizar en poco menos de tres semanas de campaña restantes.
América ha dado mensajes de paz y apuestas democráticas dignas de mención en un mundo que acaba de galardonar con el Nobel a una Europa sumida en ajustes impiadosos y aplicados a costa de una feroz represión.

