Al César lo que es del César
El procurador regional de los derechos ciudadanos, Jefferson Dias, pidió la eliminación de la frase “Deus seja louvado” (“Alabado sea Dios”) de los billetes de Brasil. Marcelo Taborda.
Si en algún registro se midieran por importancia o influencia global las noticias de esta semana que hoy concluye, no debería olvidarse que China, la segunda (con signos de primera) potencia del planeta, renovó su dirigencia a través del Congreso del Partido Comunista. Tampoco que Europa entera se solidarizó con los reclamos de los sindicatos de cuatro naciones del sur (España, Portugal, Italia y Grecia) y que una huelga general cargada de protestas gritó por enésima vez su rechazo a los recortes del gobierno de Mariano Rajoy. Ni podrá obviarse que la reacción popular obligó a reconsiderar aunque fuera en casos extremos los desalojos españoles después de que dos desahuciados tomaran la drástica decisión de acabar con sus vidas. Ningún repaso debería soslayar que, por absurdo que suene, secretos de alcoba se llevaron puesto al jefe de la CIA, la Agencia de Inteligencia de Estados Unidos, y a otro general de muchas estrellas que ya se calzaba el más alto uniforme de la Otan en un destino clave. Tampoco podría olvidarse que el conflicto sirio involucró de modo indirecto a Israel, y que este país y los milicianos de Hamas en Gaza encendieron alarmas de guerra que no sonaban desde hacía más de 20 años y dejaron el terreno abonado para otro conflicto como el vivido en torno a la Franja entre 2008 y 2009. Sentimientos devaluados. Esta semana que acaba con una devaluada Cumbre Iberoamericana en Cádiz, donde excolonias lucen mejor que el viejo reino, tuvo fuertes condimentos que opacaron una información surgida en Brasil. No. No se trata de la ofensiva de violencia y muerte que azotó a la megalópolis. Se trata de la acción interpuesta por el procurador regional de los derechos ciudadanos, Jefferson Dias, quien pidió la eliminación de la frase " Deus seja louvado " ("Alabado sea Dios") de los billetes de Brasil, los reales, bajo el argumento de preservar la libertad religiosa del país.Un escueto cable de la agencia AP revelaba que "la Fiscalía del estado de San Pablo, adscripta al Ministerio Público Federal, pidió que la Justicia conceda al estado (federal) un plazo de 120 días para que los billetes comiencen a ser impresos sin la frase religiosa"."Imaginemos el billete de real con las siguientes expresiones: 'Alabado sea Alá', 'Alabado sea Buda', 'Salve Oxosí', 'Salve Lord Ganesh' o 'Dios no existe'. Con certeza habría agitación en la sociedad brasileña por la molestia sufrida por los ciudadanos creyentes en Dios", alegó Dias en su recurso. Además, sostuvo que "el hecho de que los cristianos sean mayoría no justifica la continuidad de las violaciones a los derechos fundamentales de los brasileños que no son creyentes en Dios".La frase cuestionada fue incluida en los billetes brasileños en 1986 por el entonces presidente José Sarney y se mantuvo en 1994 al adoptarse la actual moneda, el real, por decisión de quien era ministro de Hacienda y fue después dos veces presidente, Fernando Henrique Cardoso. ¿En quién confían? Con unos 190 millones de habitantes, de los que casi el 65 por ciento se identifica como católico y más del 22 por ciento como evangélico, la propuesta de Dias ha caído en muchos como una suerte de herejía. Pero la discusión reconoce antecedentes cercanos y remotos entre quienes pugnan por establecer los márgenes entre Dios y el Estado, entre lo religioso y lo laico.Algunas disputas semejantes se vieron cuando el Congreso de Estados Unidos eligió como lema nacional el de " In God we trust " ("En Dios confiamos"). La decisión de los representantes, adoptada en 1956 y materializada por el presidente Dwight Eisenhower, ya estaba acuñada en monedas y billetes de dólares norteamericanos desde 1864.Lo cierto es que, más allá de disputas entre cuestiones sacras y mundanas y de los valores simbólicos exagerados o exiguos de las divisas, según desde dónde se mire la crisis global, mezclar el nombre de Dios o la fe con algo tan material y vil como un billete o una pieza de metal parece una ofensa en sí misma."Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", respondió Jesús a los fariseos que quisieron dejarlo en evidencia con preguntas capciosas sobre a quién debían servir. Tal vez la cuestión paulista no necesite llegar a citar el Evangelio de San Mateo.

