¿Abismo, pendiente o lomada?
La expresión “abismo fiscal” no fue creada para la particular circunstancia que atraviesa la economía estadounidense en estos momentos, sino que viene, como muchas otras, de muy larga data. Alejandra Conti.
La expresión "abismo fiscal" no fue creada para la particular circunstancia que atraviesa la economía estadounidense en estos momentos, sino que viene, como muchas otras, de muy larga data. El lingüista Ben Zimmer, columnista de The Boston Globe , rastreó la expresión hasta 1893, cuando apareció por primera vez en un editorial de The Chicago Tribune para hacer referencia a problemas fiscales de la época. En 1957 se utilizó para referirse a personas que se sobreendeudaban para poder comprar una casa. En los '70, para describir la precaria situación presupuestaria de varios estados y, particularmente, de la ciudad de Nueva York. Pero no fue hasta febrero de este año, cuando Ben Bernanke, titular de la Reserva Federal, se refirió a lo que deparaba 2013, que la expresión pasó a formar parte de las conversaciones cotidianas.El sentido con que se la adoptó popularmente indica que, si no se toman determinadas medidas, el efecto será similar a tirarse por un precipicio, es decir, un desastre. De hecho, Zimmer dice que la expresión se ha asociado a la última escena de la película Thelma y Louise, cuando, perseguidas por la policía, las dos mujeres deciden arrojarse con su auto a un precipicio.Sin embargo, a lo que se refiere en realidad es a que el drástico ajuste que se viene va a determinar una abrupta caída del enorme déficit estadounidense, que es el beneficio que se busca.Un gráfico disponible en el sitio web del Departamento del Tesoro lo muestra claramente: en 2012, el déficit es de casi dos billones de dólares. Si se toman las medidas prometidas tal como están previstas, sin el acuerdo para morigerar sus efectos sociales, el déficit debería bajar en 2013 a 650 mil millones de dólares.A partir de ese año, debería seguir bajando gradualmente hasta alcanzar en 2018 un piso de 90 mil millones de dólares. En el gráfico de barras se ve esa caída como un precipicio y de esto se toman economistas y analistas que advierten que no hay ningún precipicio a la vuelta del 1º de enero.Pero si el efecto, la reducción del déficit, es deseable, ¿por qué se anticipa como una catástrofe? Porque implica recortes de beneficios y subsidios y aumento de impuestos (o el final de exenciones preexistentes). Porque, además, ese riguroso ajuste se aplica sobre una economía ya ajustada, sobre todo la de las clases media y baja. Porque seguramente aumentará el desempleo y se frenará la recuperación que está experimentando la economía estadounidense. Intransigentes. Todo es consecuencia del juego de negociaciones partidarias en el Congreso para aprobar el presupuesto y bajar el déficit. También es resultado directo de las elecciones del 2 de noviembre, cuando el actual presidente ganó cómodo, contra lo que auguraban los pronósticos, pero el balance de fuerzas en el Congreso permaneció como estaba. Así, un mandatario reelegido hace casi dos meses no tiene más influencia que antes de la elección para imponer un cambio en este aspecto vital de la economía nacional.Como ya se dijo desde esta misma columna, el acuerdo que pretende Barack Obama apunta a lograr que los más pudientes afronten impuestos progresivos. En otras palabras, que expiren los beneficios que George W. Bush les otorgó en 2001 y que los colocan en una situación de privilegio. En el tira y afloja con los republicanos, la Casa Blanca aceptó mantener los recortes para quienes tienen ingresos inferiores a 400 mil dólares al año, pero ni aún así consiguió un gesto positivo del otro bando.El Partido Republicano tampoco acepta recortes en Defensa, un sector en el que tiene fuertes intereses. Hay que recordar que el 40 por ciento del total del gasto militar mundial corresponde a Estados Unidos (fuente: Stockholm International Peace Research Institute). En cambio, proponen recortes a los programas Medicare y Medicaid (para atención médica de jubilados y personas sin recursos), de alto impacto social.Un sector amplio e influyente del Partido Republicano fomentó la imagen catastrófica de la reelección de Obama. No es de extrañar que fuerce la situación para imponer la idea de otra catástrofe motivada por su propio accionar: el rechazo de un acuerdo.

