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A las puertas de la Historia, con el envión del mentor

Rousseff se presenta hoy como la clara favorita de un balotaje en el que sólo una hecatombe que no prevé ninguna encuesta. Marcelo Taborda.

31 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
A las puertas de la Historia, con el envión del mentor

"Él no será una presencia dentro del Ministerio. Él será siempre una persona en quien tengo una inmensa confianza política y personal. No hay nadie en este país que me vaya a separar del presidente Lula". La frase, pronunciada ayer por Dilma Vana Rousseff, antes de la caravana que encabezó en su ciudad natal de Belo Horizonte, resume lo que para la candidata que parece encaminada a convertirse hoy en la primera mujer presidenta de Brasil representa el actual mandatario. Lula, quien en el primer turno del 3 de octubre dijo sentirse extrañado porque por primera vez desde 1989 no aparecía en las listas de presidenciales, participó en la campaña como si fuera un aspirante más a ocupar el Palacio del Planalto o la residencia oficial en el Palacio de la Alvorada, los que dejará tras ocho años con una popularidad superior al 80 por ciento.Con ese capital de adhesión y el carisma intacto del ex tornero pernambucano, Rousseff se presenta hoy como la clara favorita de un balotaje en el que sólo una hecatombe que no prevé ninguna encuesta ni imagina aquí ningún dirigente podría evitar su victoria. Rousseff, de 62 años, es hija de un abogado y empresario inmigrante búlgaro de militancia comunista y de una brasileña de la que heredó su primer nombre.Sus comienzos en la política, a los que ayer aludió antes del acto en la capital mineira, tienen que ver con su militancia en movimientos armados contra la dictadura que imperó en el país entre 1964 y 1985.La resistencia al régimen de facto la integró a organizaciones como Política Operaria y La Vanguardia Armada Revolucionaria (VAR) Palmares, donde participó en acciones guerrilleras que fueron objeto de diversa mirada, según la lupa del oficialismo o de la oposición en esta campaña. Lo cierto es que en 1970, Dilma fue detenida y condenada por un tribunal castrense, que estuvo casi tres años presa y que padeció torturas.Tras recuperar su libertad, a fines de los '70, se casó con otro militante, Carlos Franklin Paixao, con quien se mudó a Río Grande do Sul, tuvo a su única hija, Paula (quien le acaba de dar su primer nieto, Gabriel), y participó en la fundación del Partido Democrático Trabalhista (PDT), del ya desaparecido Leonel Brizola.Araújo dijo alguna vez que la mujer con la que compartió lecho, ideas y acciones políticas durante tres décadas, hasta divorciarse, no aspiraba a cargos electivos, sino que le bastaba ejercer la política aplicando sus conocimientos (es economista) desde un puesto.Así comenzó en la cartera de Hacienda de Río Grande do Sul y luego como secretaria de Energía, con el histórico dirigente del Partido de los Trabajadores Olivio Dutra. Fue en esta gestión, en 1999, que la alianza gestada entre el PDT con el PT se rompió y la fuerza de Brizola pidió a los suyos que renunciaran a sus cargos. Dilma, en lugar de ello, cambió de partido y se sumó al fundado en 1980 por Lula y el propio Dutra entre otros. Rápido ascenso. Al ganar la presidencia en 2002, luego de tres intentos fallidos, Lula la trajo de Porto Alegre a Brasilia, donde primero fue la ministra de Minas y Energía que tenía la misión de acabar con los apagones y llevar luz a los más pobres. Pero fue la turbulencia del mensalao , el escándalo de coimas en el Congreso pagadas a opositores que descabezó al PT y jaqueó la reelección de Lula entre 2005 y 2006, lo que catapultó a Rousseff al puesto clave de jefa de Gabinete, cargo que hasta entonces ejercía José Dirceu, visto desde siempre como heredero de Lula.Pasada la tormenta, el nombre de Dilma fue ganando espacio hasta que el presidente más popular de la historia reciente de este país la nominó en persona como su sucesora. Justo a ella, que jamás había competido en las urnas hasta el primer turno del día 3, que ganó con holgura pero sin más del 50 por ciento necesario para evitar el balotaje de hoy.Sometida al estrés de una campaña llena de golpes bajos, donde se demonizó su figura tratándosela de "asesina de niños", "terrorista" o "anticristiana", entre otras muchas descalificaciones; embarcada desde hace más de un año en una pelea contra un cáncer linfático, que desató especulaciones políticas sobre su salud a futuro, Dilma está a un paso de entrar en la historia de Brasil y del continente todo.Hasta aquí ha llegado con el envión de su mentor. Desde hoy, puede estar llamada a escribir su propio capítulo.