A la espera de un milagro
Pocos se animan a aventurar si habrá una salida Pacífica y acordada a esta altura de la crisis.
La noticia llegó de modo inesperado en la tarde del lunes. El nuncio apostólico en Argentina, Emil Paul Tscherrig, enviado a mediar a Caracas por el papa Francisco, revelaba la apertura formal de un “diálogo nacional” en Venezuela y ponía fecha y lugar (el domingo en isla Margarita) para el primer encuentro.
El anuncio de una vía negociadora entre Gobierno y oposición, que se mostraban cada vez más irreconciliables, llegó en medio de una escalada que amenazaba con degenerar en choques no sólo institucionales. Además, se produjo poco después del no menos sorpresivo encuentro en el Vaticano entre el jefe de la Iglesia Católica y el presidente venezolano, Nicolás Maduro.
Sin embargo, las expectativas por un acercamiento comenzaron a ser torpedeadas casi de inmediato por declaraciones de dirigentes de ambos lados, que no se veían muy dispuestos a ceder en sus posiciones ni atenuar su beligerante verborragia.
Uno de los primeros en hablar fue el extitular de la Asamblea Nacional y actual diputado Diosdado Cabello, representante del ala más dura del chavismo y nexo con la cúpula de las Fuerzas Armadas. Mientras ponderaba la mediación del Vaticano, de un grupo de expresidentes y de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), Cabello recordaba a los opositores que “no habrá revocatorio en 2016”, agitando el punto más sensible de la disputa.
Poco más tarde, el gobernador de Miranda y líder opositor, Henrique Capriles, usaba las redes sociales para afirmar que se había enterado del trascendente anuncio a través de la TV, argumento que repitieron luego otros referentes de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) para dejar en suspenso su participación en las conversaciones. Con el correr de las horas, la MUD admitió que todas las fuerzas de ese espacio estaban al tanto de los contactos.
Capriles aclaró que el posible encuentro de Margarita, que reclamó trasladar a Caracas, no invalidaba en modo alguno la agenda trazada el domingo por la MUD. Ese día, la Asamblea, de amplia mayoría opositora, declaró a Maduro responsable de un golpe de Estado y llamó a otra sesión, celebrada ayer, para empezar a tratar su eventual destitución.
Pero en lo que más insistió el dos veces candidato presidencial de la MUD fue en convocar para hoy a la “toma de Venezuela”, una masiva movilización con la que la oposición pretende demostrar que el referéndum que el Consejo Nacional Electoral suspendió no está muerto. Aunque dijo creer en el diálogo, Capriles comparó al Gobierno con el diablo y advirtió al Pontífice que no se podía pactar con él.
La respuesta de Maduro llegó en forma de mitin, a su regreso de una gira por países petroleros que luego desvió hacia Roma. Mientras era aclamado por miles de seguidores cerca del Palacio de Miraflores, la Asamblea abría un proceso al presidente y lo citaba a comparecer el martes próximo.
El jefe del Ejecutivo retrucó convocando para hoy a los líderes de los otros poderes (incluido el titular del Congreso) para tratar el “intento de golpe parlamentario”.
Maduro fustigó a los opositores que se dijeron “sorprendidos” por el anuncio del diálogo y dio los nombres de los delegados de los partidos de Capriles y el encarcelado Leopoldo López que participaron de las negociaciones.
Mientras decía que “es la hora del diálogo”, y que él estará el domingo en la mesa, el mandatario embistió contra Capriles, a quien llamó “Majunche (mediocre) del Periscope” (en alusión a su programa en Twitter).
Con este muestrario de intransigencias, pocos se animan a conjeturar qué pasará el fin de semana o, mucho menos, a aventurar si habrá una salida pacífica y acordada a esta altura de la crisis. Algunos medios calificaron ya al mero anuncio del diálogo como un milagro en sí mismo.

