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A la derecha de la derecha

Los partidarios del TP han tenido máximo protagonismo estos días durante el debate por la deuda. Quieren ver fracasar al gobierno de Obama, aún a costa de que Estados Unidos entre en "default". Alejandra Conti.

31 de julio de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
A la derecha de la derecha

Son ultraderechistas y se empeñan en humillar al presidente Barack Obama, a quien acusan de socialista. Es el movimiento del Tea Party. En su película Medianoche en París , Woody Allen presenta al padre de la protagonista como un republicano extremista, miembro del Tea Party, que desdeña la cultura europea y acusa de comunista al novio de la hija. En una parte del diálogo, el personaje dice "Tea Party", pero el subtítulo traduce "republicano". Seguramente porque este fenómeno de la extrema derecha republicana no es del todo conocido aquí. Allen remarca las características derechistas del personaje hasta hacerlo rozar el absurdo, pero resulta que la realidad supera a la ficción.La expresión "Tea Party" hace referencia a un movimiento de protesta contra Gran Bretaña que surgió en Boston en 1773. Las entonces colonias norteamericanas se rebelaron por los impuestos al té decididos desde Londres. Esta pretendida reedición del Tea Party (TP), cuyo nombre expresa el espíritu de lucha contra un gobierno colonial, surgió a finales de 2008, luego de que se aprobaran los planes de rescate para salvar al sistema financiero de la debacle total causada por él mismo y la falta de regulación de la actividad bancaria. Coincide con la elección de Barack Obama, el primer presidente negro de Estados Unidos. Derecha extrema. El TP agrupa a los sectores de la derecha más extrema de los republicanos y otros partidos. Son fanáticamente defensores de lo que entienden como libertades individuales, que incluyen llevar el Estado a su mínima expresión tanto en tamaño como en funciones. El individuo debe saber ganarse la vida y está en su derecho de gastar su dinero como mejor le parezca. Entienden que los altos impuestos, personales y comerciales, conspiran contra esa aspiración. Consideran que las coberturas de salud y educación universales no son justas porque asisten, con el dinero de quienes trabajan, a quien no se esfuerza por salir adelante. Los rescates financieros y planes de estímulo no son buenos porque restringen el funcionamiento del libre mercado. Propuestas. En el sitio oficial del TP (www.teaparty.org) se pueden leer "los 15 puntos no negociables" que constituyen el alma del movimiento. El primero de todos demuestra que Woody Allen no exageró: es el rechazo a los inmigrantes ilegales. Algunos de los que siguen son: mayor poder militar, derecho de todo ciudadano a portar armas, reducir el tamaño del gobierno, equilibrar el presupuesto y eliminar el déficit; no permitir los planes de rescate y/o estímulo, reducir los impuestos personales, a la renta y las ganancias; el inglés será obligatorio para quienes quieran vivir en Estados Unidos, defensa de los valores familiares tradicionales. Con un discurso que no escatima menciones al infierno y los demonios, atacan las principales políticas del gobierno de Obama y las enmarcan en lo que ven como una ofensiva socialista de la que el presidente sería el principal impulsor. Por ejemplo, la tibia reforma del sistema de salud que logró el gobierno nacional y que dio cobertura sanitaria a nueve millones de niños que no la tenían es boicoteada por el TP. Uno de sus objetivos a corto plazo es revertirla, y convocan a hacerlo con proclamas que no dejan de lado menciones a "ese monstruo" (la reforma). Cuando se limitan a explicar lo mismo en términos políticos dicen, en cambio, cosas como que "el socialismo es un cáncer siempre terminal para las naciones que lo dejan entrar". La "Obamacare", como llaman al sistema de salud reformado, debe ser borrada hasta de los libros de historia. Nuevos cruzados. Los partidarios del TP han tenido máximo protagonismo estos días durante el debate por la deuda porque son el bloque más radicalizado del Partido Republicano en el Congreso. Son unos 50, pero muy fanáticos, generalmente ricos y con conexiones con lo más granado de la clase dirigente estadounidense. Quieren ver fracasar a este gobierno demócrata, aunque sea a costa de que el país entre en default . En su lucha, enarbolan principios y banderas que son tan básicas para los estadounidenses que nadie se atrevería a contradecirlos. "Defensa de la libertad individual" es para los estadounidenses lo que "las Malvinas son argentinas", para nosotros. Es un concepto que no se discute, y menos si la población a la que se dirigen no tiene la educación suficiente como para contradecirlos.Este anticomunismo sin comunistas es considerado por algunos estudiosos como la salida para la necesidad de explicar los estruendosos errores del capitalismo.Reconocer esos errores del sistema que defienden iría contra los intereses de los partidarios del TP. Por otra parte, el factor comunista también resulta útil para explicar algunas de sus propias contradicciones, en las que incurren diariamente en sus acciones. Si están de acuerdo con la libertad absoluta del mercado, dado que éste se autorregula, cabe preguntarse entonces ¿por qué no dejar que entren todos los inmigrantes que lo deseen, ya que es el mercado el que reclama mano de obra? Ganancias. Días atrás, el diario The New York Times publicó un artículo que aseguraba que el salario anual promedio de los máximos ejecutivos de las principales 200 empresas del país era de 10,8 millones de dólares. El 23 por ciento más que el año anterior, y sin haberse recuperado de la crisis. Esas son las ganancias que el Tea Party no quiere recortar. Las ganancias de los banqueros, financistas y ejecutivos que causaron el desastre de 2008; los mismos que fueron salvados con los rescates avalados por el presidente Obama y que ahora lo quieren hundir, como el resto del TP.