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A 10 años del efímero golpe antichavista

El regreso de Chávez a Miraflores fue una victoria que este refrendó en el referéndum de 2004. Marcelo Taborda.

11 de abril de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
A 10 años del efímero golpe antichavista
Movilizados. Leales a Chávez repusieron a su líder el día 14 (AP / archivo).

S i no hubiera sido tan burda y mezquina la forma en que el empresario Pedro Carmona Estanga –titular de la poderosa patronal Fedecámaras– desnudó con su soberbia a los involucrados en el golpe de Estado, acaso aquella trama hubiera sido mejor maquillada por sus mentores y presentada como un levantamiento legítimo, o la respuesta a un vacío de poder, para buscar su convalidación internacional. Los tres días de huelga y movilizaciones masivas de venezolanos de clase media alta y muy alta munidos de cacerolas, reproducidos y amplificados segundo a segundo por las cadenas privadas de televisión, reflejaban un clima social que parecía ser la continuidad de la Argentina de fines de 2001.Pero la masiva movilización opositora convocada para el 11 de abril de 2002 iba a tener un cariz muy diferente al de tantas otras marchas del antichavismo, a las que el oficialismo replicaba siempre con manifestaciones aún más multitudinarias. Ese día, la marcha que tenía un recorrido por el este caraqueño fue desviada por algunas voces convocantes hacia el Palacio de Miraflores para exigir la renuncia del presidente Hugo Chávez.La noticia, televisada en directo, derivó en una rápida reacción de partidarios del mandatario, que se movilizaron para defender a su líder. Lo que siguió acaso es la parte más sórdida de la trama. En el céntrico Puente Llaguno confluyeron leales y opositores a Chávez y sobrevinieron incidentes en los que perdieron la vida 19 personas y hubo cientos de heridos. Uno de los canales opositores al mandatario difundió imágenes de militantes oficialistas disparando al parecer a manifestantes indefensos, lo que además de generar indignación convertía en causa justa y necesaria el derrocamiento del jefe de Estado y daba cobertura legal y moral a parte de las fuerzas armadas que nunca había comulgado con los postulados bolivarianos. Tiempo después, versiones contrapuestas y documentales de diverso origen mostrarían la manipulación de imágenes que ese medio había hecho de los enfrentamientos y el ocultamiento de la presencia de francotiradores, cuyo papel en la funesta balacera se intentó disimular. Las horas siguientes tuvieron vértigo, incertidumbre y confusión. La versión de una renuncia del mandatario y su posterior traslado detenido al Fuerte Tiuna, o la noticia de la dimisión de su vice, Diosdado Cabello, generaban una acefalía para la que los golpistas ya tenían una receta prescripta.El 12 de abril, sin embargo, la jura de Carmona –cuyo efímero mandato lo haría famoso como "Pedro, el breve"– despejó las pocas dudas que quedaban sobre los hechos. A la ceremonia de asunción del empresario, acudió lo más rancio del antichavismo y algunos extralimitaron su euforia despertando la ira de los seguidores del gobernante, quienes comenzaban a bajar de los cerros o a autoconvocarse en barriadas clave como 23 de Enero. En su primer acto oficial, Carmona disolvió por decreto el Parlamento, el Tribunal Supremo, el Consejo Electoral y otras instancias. Al "Acta de Constitución del Gobierno de Transición Democrática y Unidad Nacional" (típico eufemismo golpista) la firmaron, entre otros, el cardenal Ignacio Velasco, por la Iglesia Católica, y Miguel Capriles, en representación de los medios de comunicación. Este apellido, encarnado hoy por Henrique Capriles Radonski, el candidato de la oposición unida, representa la esperanza de los detractores del mandatario de lograr en las urnas, el 7 de octubre próximo, lo que no consiguieron ni en ese abril ni en más de 13 años, desde 1999. Un día después de la jura de Carmona, se divulgó una nota firmada por Chávez en la base naval de Turiamo, donde el mandatario decía que nunca había renunciado "al poder legítimo" que le dio el pueblo. Para entonces, los países del Grupo de Río, reunidos en Costa Rica, habían rechazado reconocer autoridades impuestas en un golpe cada vez más difícil de disfrazar. La España de José María Aznar y los Estados Unidos de George W. Bush sí dieron la bienvenida al nuevo Ejecutivo. A esta altura, parte de las fuerzas armadas se sumaban a miles que exigían el regreso del presidente. Los sectores más desprotegidos por gobiernos anteriores a Chávez protagonizaron una movilización que algunos comparan con el 17 de octubre de 1945. Pero su "contragolpe" no tuvo cabida en las cadenas que sí habían televisado la sublevación. En agosto de 2004, colegas venezolanos que no guardaban simpatía alguna por Chávez, admitían a este enviado a Caracas cómo los movileros se quedaron sin aire en medios opositores cuando la revuelta cambió de actor. La madrugada del 14 de abril, Chávez fue liberado de la prisión militar de la isla de La Orchilla y repuesto como presidente. Su regreso a Miraflores fue una victoria que refrendó el 15 de agosto de 2004, cuando el 59,10 por ciento de los venezolanos le dijo No a la revocatoria por la que votó un 40,64 por ciento.Diez años después, y tras ganar las presidenciales de 2006, Chávez aspira a otra reelección. Su principal rival no está en las urnas, donde los sondeos lo dan favorito, sino en una enfermedad para cuyo combate nadie está preparado.