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30 años después, familiares de represaliados buscan sus restos

La mano dura del gobierno de Kadhafi con sus opositores muestra ahora sus secuelas.

15 de septiembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Javier Martín (Agencia EFE)
30 años después, familiares de represaliados buscan sus restos

Trípoli. Sentados en un amplio salón casi vacío, Omar y Hisham reflexionan con el rostro sosegado pese a que en su memoria albergan una de las más mayores atrocidades perpetradas por el régimen de Muamar Kadhafi. Ocurrió hace 27 años y por la expresión serena de sus oscuros ojos parece cierta la sentencia de dice que el tiempo es la mejor de las medicinas. Omar tenía apenas 14 años y su hermano Hisham 9 cuando su padre, un rico empresario llamado Uzman Sarti, salió de su casa disfrazado en un auto para nunca más volver vivo a su barrio de Suk al Yuma, al este de Trípoli."Iba a acompañar a Túnez a la familia de una de las empleadas que acababa de morir. Alguien le avisó que la policía secreta había salido a buscarlo, por lo que decidió cambiar su ropa. Nunca más lo volvimos a ver", relata Omar en una amplia casa construida muy cerca de la que tuvo su progenitor."Nosotros éramos muy pequeños entonces y no nos dejaron ir a la ejecución pública. Yo no he podido ver el video hasta este año, pero mi hermano es incapaz de verlo. Es demasiado doloroso recordar", agrega.La trágica historia de Uzman Sarti, uno de los miles de represaliados de Kadhafi, se remonta a la década de 1980, en el apogeo de una de las épocas más siniestras y oscuras de Libia. Corredor de seguros, logró hacer una pequeña fortuna en el negocio de la construcción antes de convertirse en el representante en Trípoli de una importante firma británica.En uno de sus frecuentes viajes de trabajo a Londres entró en contacto con opositores en el exilio, y en particular con el Frente Nacional para la Salvación de Libia, que en mayo de 1984 trató de manera infructuosa de dar un golpe de Estado y asesinar al mandatario."En las semanas previas a que lo capturaran nos obligaron a abandonar nuestra mansión y la arrasaron. Tuvimos que irnos a vivir a una pequeña casa y jamás pudimos recuperar esa tierra, que Kadhafi quiso regalar. Fue un aviso", cuenta Omar."Pudo huir, pero mi padre se entregó después de que se enterara de que habían amenazado con hacer daño a sus hijos. Le hicieron una farsa de juicio público y lo condenaron a muerte", agrega mientras fija la vista en un añoso retrato en blanco y negro de Uzman joven.La ejecución se llevó a cabo en mayo de 1984, en pleno mes de Ramadán, en medio de una cruenta oleada de represalias ordenadas por Kadhafi. Como escarmiento. Y cobró relevancia por la insidia de sus verdugos, que cuando oscilaba en el patíbulo, sujetaron el cuerpo por la cintura y tiraron hacia abajo con saña para certificar la asfixia. "Después, colocaron el cuerpo en un camión de basura y lo trajeron al barrio para que sirviera de escarnio. Nunca nos entregaron el cadáver ni nos permitieron hacerle un funeral. Algunos de los que asistieron fueron encarcelados", rememora mientras Hisham juega con otra foto de su padre.Casi tres décadas después, y una vez caído quien arruinó sus vidas, Omar emprendió la búsqueda del cuerpo de su padre para cerrar la herida.Gracias a "unos contactos", y acompañado de otra familia con historia similar, logró el lunes entrar en "Dar al Mauta", una conocida morgue de la ciudad. Esos contactos le permitieron asomarse al llamado depósito de los muertos de 1984, hasta la fecha sólo accesible a los servicios secretos de Kadhafi, y en la que dice que vio 18 cuerpos, uno de ellos de una mujer. "Creo que allí no estaba mi padre. Los cadáveres estaban muy corrompidos y envueltos en plástico. Puede ser que fuera enterrado en una fosa común", relata Omar. Apellido maldito. Al asesinato de su padre le siguió la persecución a toda la familia. Uno de los sobrinos más queridos de Uzman, detenido también en 1984, pasó 21 años en la cárcel, sin acusación ni juicio, y fue arrestado hace unas semanas, en los días previos a la caída de Trípoli. El apellido Sarti quedó maldito: no podían tener documentación, ni pasaporte, ni títulos de propiedad y muchos se apartaban al oír su nombre."La muerte es poco para Kadhafi", contesta cuando se le pregunta qué destino prefiere para el mandatario. "Nosotros creemos en la justicia divina", concluye.