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Timoneles de una pasión

Ezequiel Despontin y Emilio Feliú. Navegante y juez del Campeonato del Centro de la República respectivamente, hablaron de su vínculo con la náutica y la realidad de la actividad en Argentina.

08 de febrero de 2013 a las 08:42 a. m.
Timoneles de una pasión
Con los pies en el agua. Ezequiel Despontin y Emilio Feliú disfrutarán de la regata de la J24. // foto: Sergio cejas

La náutica tiene el condimento de la tradición y el desafío personal, de la destreza para sortear condiciones adversas o la paz de disfrutar las aguas calmas. Se lleva en la sangre. Por eso, con dos apasionados como el cordobés Ezequiel Despontin, uno de los más destacados timoneles del país, y Emilio Feliú Serra, reconocido juez internacional, basta una pequeña chispa para que la náutica cope la escena.

“Lo hago desde tan chico que es algo natural, lo llevo adentro. El placer es poder estar con uno mismo, estás vos y el mar. Y la regata te genera adrenalina cuando estás buscando para donde ir”, describe Despontin.

Feliú, más experimentado y más “navegante que regatista”, da su mirada: “Me inspira una gran confianza en mí mismo, una gran sensación de paz. Me fascina ponerme en contacto con esa cosa inmensa que es el mar, que puede ser un enemigo temible. Me gratifica pensar que estoy jugando con una bestia y ella juega conmigo”.

A horas del inicio del Campeonato del Centro de la República, clase J24, en el lago San Roque, ambos soltaron amarras y “navegaron” en la realidad de la náutica argentina.

“Están los veleros chicos o donde los chicos empiezan a navegar, en los que hemos logrado campeonatos importantes en el mundo –afirma Despontin–. En barcos más grandes, en los que hay que armar equipos y los costos son elevados estamos más atrás, aún cuando tenemos el capital humano”.

Feliú, quien recorre el mundo como juez, agrega: “En los últimos 50 años Argentina ha progresado enormemente, y tiene un enorme potencial humano. Uno se pasea por Buenos Aires o cualquiera de las ciudades con flota un sábado a la tarde y hay una enorme cantidad de barcos que no son competitivos. El gran potencial náutico argentino es toda esa base que no son de regatas”.

Pero, ¿cuál es la clave para ese posicionamiento mundial? Para Despontin “tenemos espejos de agua que ayudan a que los navegantes, desde chicos, tengan experiencia para navegar con distintas condiciones, con diferentes tipos de viento. El Río de la Plata es una cancha de regata muy linda, y los lagos como el San Roque también favorecen el aprendizaje”.

Feliú le agrega un elemento: “Para mí hay algo genético. Uno no puede evitar hablar de ‘familias náuticas’ que han generado buenos navegantes, cosa que no sucede en muchos otros países. En Argentina la tradición náutica viene de bastante más lejos que en muchos países de Europa. Y ni hablar de la tradición náutica de diseño de barcos, ahora mismo tenemos a algunos de los diseñadores náuticos más importantes del mundo”.

Escenarios cordobeses

Córdoba va escribiendo su propia historia en los lagos. “En Córdoba ha crecido mucho la ‘náutica de recreo’, apoyada por las escuelas de los clubes. Hacés un curso y recibís un carné de timonel, y hacés otro y recibís el carné de patrón, que permite otro tipo de navegaciones”, destacó Despontin. “Y el lago tiene algo muy lindo para el que comienza. Podés navegar sin olas grandes, y siempre es un placer”, agrega.

Feliú, amante de la naturaleza, lo confirma: “Córdoba debe valorar el escenario en el que se navega, es un handicap muy a favor, una enorme ventaja”.

La charla sigue. Con experiencias y anécdotas. Una manera de confesar cómo juegan con “la bestia”, y cómo en ella se encuentran a sí mismos.