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Sebastián Crismanich pasó por La Voz

El campeón olímpico de taekwondo estuvo en la Redacción, trajo su medalla y compatió su alegría por semejante logro.

07 de septiembre de 2012 a las 09:39 a. m.
Fabián Sacarelli y Eugenia Mastri
Sebastián Crismanich pasó por La Voz
Sebastián Crismanich pasó por La Voz para brindar por su medalla. (Foto: Antonio Carrizo)

Sebastián Crismanich ya pueden empezar a contabilizar en millas su recorrido por el país. Desde que ganó la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Londres, el taekwondista ha cruzado el país de Buenos Aires a su Corrientes natal, y de Corrientes a Córdoba, sin descanso, sin escalas. Y alternó reuniones en la Casa Rosada con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, o con Don Julio Grondona, con encuentros con sus amigos de siempre en "una piecita y comiendo sándwiches" y con una visita ayer a la sede de La Voz del Interior para "compartir" su medalla.

Así es Sebastián, un pibe sencillo, de mente clara y lealtad con sus amigos que “son de oro”, como él los califica. Ellos son los que lo han acompañado, junto a su hermano Mauro en este momento de alto impacto.

Su logro ha tenido ecos inesperados, y por eso confiesa: “Aún no caigo”. El eco que llegó a Córdoba produjo un incremento del 25 por ciento en la cantidad de alumnos de taekwondo en la semana posterior a los Juegos, y el que alcanzó a Corrientes provocó una explosión del nombre Sebastián. “Eso es increíble”, dijo sonriente.

Recuerdos de la Villa. "Es Crismanich, no Crismanich", corrige la pronunciación de su apellido. Y repite: "Siempre me imaginé y visualicé ganar la medalla olímpica, el Himno, la Bandera... pero nunca lo que vino después. Por eso dejo que me sorprenda, no quiero saber nada de lo vendrá. Me dicen 'tenés que levantarte a las ocho' y ahí voy", cuenta. Hoy no se perderá el partido de la selección ante a Paraguay en el Kempes, y claro, sin problemas de conseguir entrada.

Para él, al menos por el momento, es inevitable volver a contar la experiencia de Londres. “Cuando gané la medalla fui al antidoping, después a ruedas de prensa, y terminé volviendo a las 6.30 a la Villa. Me acosté y tenía enfrente al entrenador que me decía ‘dormite’, y yo le contestaba que no quería. Tenía miedo de que sea un sueño”. Y claro, razones había: “Dos días antes había soñado que era campeón olímpico, y me desperté agitado y contento. Cuando abrí los ojos me di cuenta de que faltaban dos días”.

Cuando fue a Londres, Crismanich sabía que “tenía nivel para ganar una medalla”. “¿Que con qué me conformaba? No soy conformista. Eso lo que me alimenta a seguir entrenando”.

La Bandera cedida por Luis Scola para la ceremonia de clausura de los Juegos (“hablé dos veces con él y le agradecí”) y el regreso en primera clase del avión lo fueron preparando para lo que vendría. Y se impresionó cuando fue a la Bombonera. “Estacionamos a una cuadra y media, mucho antes de que empiece el partido, y el piso temblaba”, contó. Pero nada, nada de lo vivido, lo conmovió tanto como la recepción y el cariño de su gente en Corrientes. “Fue impresionante”, afirmó.

Es allí, en Corrientes, donde su mamá tiene ordenados todos su trofeos, a donde quizá descanse la medalla de oro. Y a él no le importa si no la verá diariamente. “No hace falta, lo que logré lo tengo tatuado en todo lo que soy, en todo mi cuerpo”. Así es Crismanich, Sebastián.