Matthysse: A esta edad estoy más maduro, en el momento justo
Campeón mundial superligero CMB. El chubutense defendió por primera vez su corona el sábado en el Hard Rock Hotel. Ayer, apenas llegado a la Argentina, contó los entretelones de una noche de gloria en Las Vegas.
Lo soñó desde siempre. Desde que Mario, su papá, intentaba a puños limpios garantizar el futuro de él y de sus hermanos, Walter y Soledad, quienes tiempo después también buscarían la gloria a través del box. O desde que vio cómo Doris, su mamá, se calzaba los guantes para hacer algunas peleas.
Lucas Martín Matthysse nació entre las cuerdas. No sólo porque toda su familia se subió al ring, sino porque su hermana está casada con Mario Narváez, hermano de Omar, campeón mundial supermosca OMB. Y de tanto respirar boxeo, se le impregnó. Después del último fin de semana, especialistas no dudan en afirmar que es el mejor welter junior del mundo. Ayer, apenas regresado al país tras vencer a Mike Dallas Jr., atendió el llamado de Mundo D.
–¿Cómo fueron los días previos en Las Vegas?
–Tranquilos. Llegamos el lunes antes del combate y no salí jamás del hotel. Nos movimos para mantener el peso, nada más. Mi equipo me acompañó en todo momento.
–Y te tocaron los obligados contactos con la prensa, cosa que a vos mucho no te gusta.
–Son muchos y hay que cumplir con las entrevistas sí o sí. Me voy acostumbrando porque allá se hace siempre. Pero me trataron muy bien. Está todo muy bien organizado, hay horarios. Así que la pasé bien.
–Llegó el día de la pelea y, minutos antes, se desató la polémica por una pastilla. ¿Qué pasó?
–El equipo de (Mike) Dallas Jr. buscaba problemas. En el pesaje estuvieron provocando y el día de la pelea, igual. Tomé aminoácidos en mi camarín, delante del entrenador de él, y empezó a decir que me estaba drogando. Querían ponerme nervioso, pero no saben que yo soy muy tranquilo.
–¿Sabías que noqueabas?
–Pensé que iba a pasar otra cosa, que sería una pelea más brava. Él es muy buen boxeador y creí que me iba a boxear, a esquivar el golpe por golpe, pero vino a cruzarse y bueno, así le fue, je.
–Te llega el reconocimiento a los 30 años, más tarde que a muchos boxeadores. ¿Te favorece esto?
–Hace cinco años que no celebro las fiestas de fin de año. A esta edad estoy más maduro, en el momento justo, sabiendo lo que quiero para mi vida. Cuando peleé con Zab Judah y Devon Alexander (con quienes perdió controversialmente), ellos habían tenido grandes peleas; a mí me faltaba crecer.
–¿Y ahora?
–Recién me bajo del avión y me entero que Danny García (campeón regular CMB superligero) se lesionó. Se lo pedí a Oscar De La Hoya y me dijo que está negociando. Quiero algo grande. Si no es él, cualquier otro.
–¿Pudiste ver a Pirata, el perro que te acompañó en los entrenamientos?
–(Risas) Lo extrañé y me extrañó: apenas me vio saltaba, quería que lo acariciara. Lo tengo al lado mío. En Estados Unidos también me preguntaban por él.
–¿Cómo te recibieron en casa?
–Me recibió todo Junín. Esto es para mi papá y mi hermano, que no se les dio, no llegaron. Es un orgullo poder regalarles este título. Y viene mi sobrino Ezequiel, que dio sus primeros pasos de amateur. Acordate lo que te digo: va a dar que hablar el pibe.
El Chino, siempre en el camino
Con Marcos Maidana, excampeón mundial superligero, compartieron habitación en una casa en Vera, Santa Fe, a los 15 años. Pero el deporte, o el destino, los enfrentó: en cuatro contiendas cerradas, Maidana ganó tres y empataron una. “Somos amigos aunque ahora no nos veamos ni hablemos mucho. De chicos viajábamos juntos. Y cuando tuvimos que pelear, peleamos y seguimos siendo amigos. Ahora pasaría lo mismo.

