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Londres: Julita adora a Mirtha Legrand

La cubana Osendi es una de las encargadas de cubrir los Juegos Olímpicos para su país, donde es una celebridad y su voz, una de las más respetadas en la isla. ¿Todavía vive?, pregunta sobre el presente de la diva de los almuerzos.

07 de agosto de 2012 a las 09:07 a. m.
Federico Giammaría // Enviado especial a Londres
Londres: Julita adora a Mirtha Legrand
Cubana de ley. “Habanera de pura revolución. Hecha y derecha con Fidel”, se describe Julita, que va de acá para allá con su camarógrafo. // Foto: La Voz del Interior

Sube al colectivo rojo corriendo, y enseguida escucho su acento. Es cubana y va por los Juegos como tiro. “Espero que hoy no corra Usain Bolt, porque no vamos a poder hacerlo todo”, me dice sin conocerme y yo asiento.

“Es que mi corazón no da más. Voy a explotar corriendo de aquí para allá”, agrega como hablando al aire. Pero enseguida vuelve hacia donde estoy.

“¿Tú eres argentino, verdad?”. Julita Osendi es una de las encargadas de cubrir los Juegos Olímpicos para la televisión cubana. En su país es una celebridad. Tiene a su cargo el comentario de la actuación de sus deportistas en Londres, porque su voz es de las más respetadas en la isla de Raúl y Fidel Castro. Pero, ¿y por qué no va a poder hacerlo todo? “Pues mira, porque tenemos una sola cámara para registrarlo todo. Ahora mismo, tenemos que ver cómo cubrimos el yudo y la gimnasia. Y encima no sé si corre Bolt. ¿Seguro que corre hoy?”, vuelve a preguntarme.

No estoy seguro, pero rastreo en mi memoria, que a esta altura necesita un reseteo, y me parece recordar que las eliminatorias de los 200m son el martes. “Los argentinos están más simpáticos. No como antes, que siempre nos miraban como si fueran superiores”.

Dice eso y me río porque en los Juegos la potencia siempre ha sido Cuba, con sus grandes boxeadores, sus atletas, sus yudocas. “Sí, pero ya no es como antes. Ahora estamos en un mal presente, como ustedes”, me dice la rubia nacida en La Habana. Julita lleva el pelo corto, teñido de un rubio furioso, y carga unos anteojos de diseño, de un rosa potente.

Sus uñas, como cubana de ley, están trabajadas a la perfección. “¿Todavía vive Mirtha Legrand?”, me pregunta, cambiando de tema rápidamente. Le cuento que no sólo vive, sino que es la protagonista de una novela y ella no me lo cree.

“Pero debe tener como 90 años. ¡Cómo puede ser! Es que me has dado una alegría enorme, ¿sabes? Yo soy su admiradora y una vez le mandé una carta con un argentino que la conocía. Le dije que había visto todas sus películas, pero ella nunca me contestó”. A esa altura, el bus que nos lleva hacia el centro de prensa se ha parado por una pequeña congestión en una de las calles del Parque Olímpico.

“Ay, Dios mío, que no vamos a llegar. Así no podemos cubrirlo todo”, se vuelve a quejar. Sabe que tiene los minutos contados y junto a su ayudante tendrán que correr hacia las sedes donde los deportistas cubanos se presenten. “El martes corre Dyron Robles. No sé cómo haremos, no lo sé”. Julita se ríe. Dice que así son los cubanos. Le creo.

“Soy una habanera de pura revolución. Tengo 52 años, hecha y derecha con Fidel. Pero tengo sangre española, con asiento en Asturias. ¿Sabes por qué? Mi madre iba saliendo del país y comenzó con dolores de parto. Volvieron con mi padre y me tuvieron en La Habana. Y ya nunca más nos fuimos. Ahora, aquí me ves”.

Se bajan y Julita sigue hablando. No logro escuchar lo que dice, pero su acento tan entrador da ganas de seguir escuchándola sólo por el placer de charlar con un cubano. “Así que Mirtha vive, mira tú. Debe de tener mucho dinero para seguir tan bien y siendo artista. Y la hermana, ¿se murió?”.