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La otra historia de Notting Hill

Un día sin Juegos de Londres... Una zapatería y una librería que ya no está, en medio de una calle llena de antigüedades, en un barrio de película.

11 de agosto de 2012 a las 11:47 a. m.
La otra historia de Notting Hill
Visitantes seguros. Ruth es la encargada de la zapatería cuya fachada se utilizó para representar la librería de la película. Miles de turistas pasan a diario por allí. (Foto: La Voz del Interior)

Sabíamos que William Thacker fingió ser un periodista, y que Anna Scott no podría nunca enamorarse de un vendedor de libros. Ok, Un lugar llamado Notting Hill es una gran película y Hugh Grant y Julia Roberts vuelven a encantarnos cada vez que la tele la pone en la programación. Pero, ¿por qué mentirnos así, haciéndonos creer que esa adorable librería de la calle Portobello jamás existió? Peor: que sólo usaron la fachada que vimos en el film de Roger Michell porque eso había sido una tienda de antigüedades y hoy vende zapatos (y para peor, de oferta).

"¿Podría decirme dónde está la famosa librería que…?". Nadie me dejaba terminar la frase apenas salí del subte que me llevó al barrio. Todo el mundo sabía de qué estaba hablando gracias a que la película que convirtió a Notting Hill en uno de los lugares de Londres más visitados. Hace muchos años, aquí vivían los inmigrantes de la Jamaica profunda, los antepasados de Usain Bolt. Hoy, es una postal en vivo. "Seguí derecho, por la Portobello. En el número 142 vas a encontrar una tienda de zapatos", me dijeron.

Así que caminé por la Portobello, una calle angosta de veredas anchas y mesas afuera, llenas de antigüedades, recuerdos, telas, de lo que busques. Por acá, Londres huele a café y a cerveza, abraza a un sol que aprieta pero no tanto y tiene deportistas de todas partes del planeta recorriendo sus calles, comprando recuerdos, sacándose fotos en una librería que… no existe. Los viernes abre un mercado de pulgas que seduce a todo mundo, pero ahora era jueves y todo estaba más calmo (y más barato).

Parado en el 142 de la Portobello. Ahí estaba la famosa The Travel Book que buscaba Julia Roberts para volver a ver a Hugh Grant. Ruth es la encargada de la zapatería.

Ella, una inglesa rubicunda y rojiza, sonríe ante mi pregunta sobre la película y me dice que apenas trabaja ahí desde comienzos de año. “Sólo usaron la fachada, pero da igual. Son cientos de personas, por día, que pasan por nuestro local, entran a preguntar, se sacan fotos”, me cuenta sin parecer molesta. Al fin de cuentas, el gancho hace que el negocio tenga marketing propio sin haber movido un dedo. “Pero la librería que inspiró la película está acá nomás, a dos cuadras. Sigue abierta”.

Hacia allá fui sin sospechar siquiera que hace un año atrás hubo un revuelo enorme cuando habían querido cerrarla. Finalmente, el lugar sigue en pie y ese día la atendía Graham, un pelirrojo de anteojos de pasta y gorra british. "¿Querés saber algo? Nunca vi la película", me dice cuando yo, bueno, volví a preguntarle sobre Notting Hill. "Además, esta no es la librería que inspiró a los creadores del film. Ahora, la compraron otros dueños. Antes era The Travel Bookshop, pero ahora se llama, claro, The Notting Hill Bookshop.

Fue el guionista de la película, Richard Curtis (quien también escribió Cuatro bodas y un funeral) el que eligió la librería que lo inspiró pero que no existe... “Él vivía por el barrio, aquí cerca, y siempre venía a ver y a comprar libros. De ahí tuvo la idea”, me seguía contando Graham mientras un aroma especial, mezcla de libros, madera y un suave incienso, intentaba hacerme creer que aquello era de película. “¿Me vas a sacar una foto a mí? Voy a ser famoso sin haber hecho nada”, se reía el encargado. Mientras, entraban otros visitantes que, como yo, llegaban para preguntar por la famosa librería.