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Juegos Olímpicos de Londres 2012: la liberación de los Pareto

“La Peque” se quedó con las ganas de repetir el bronce que ganó en Beijing 2008. Paula llegó a pelear por la chance de la misma medalla y perdió en tiempo extra por una doble penalización. Lloró en los brazos de Mirta, su madre.

29 de julio de 2012 a las 12:01 a. m.
Juegos Olímpicos de Londres 2012: la liberación de los Pareto
Momento clave. La belga Charline Van Snick festeja su medalla de bronce y Paula empieza a llorar por la frustración de haber sido penalizada. (Foto: AP)

“Fue como si hubiera luchado yo”, repetía Mirta, la mamá de Paula Pareto. Su hija acababa de abandonar sus brazos, llorando, para irse al control antidoping. Fue un momento extraño en el que se cruzaron las sensaciones de frustración con una liberación sanadora.

“Por fin, ya está”, se sinceró la mujer. “La Peque” acababa de perder el combate que podría haberle dado una medalla.

Su madre, de recuperar la calma al ver a su hija liberarse de una presión abrumadora.

La yudoca Paula Pareto llegó a los Juegos Olímpicos de Londres como una de las candidatas a medallas para la Argentina. Se entrenó duro hasta los Juegos, viviendo un par de días con su madre y otros, con su padre. Siguió cursando y rindiendo materias de medicina y no paró de entrenarse para llegar hasta el sábado 28 de julio.

“Una sufre como mamá, pero yo le dije que debía estar orgullosa de lo que hizo. Ganó una medalla en China y ahora volvió a otros Juegos, y tiene un diploma. No cualquiera”. Mirta lo decía segura y sonriente. Sus uñas pintadas con banderitas argentinas distraían la mirada, pero sus enormes ojos certificaban que hablada de algo trascendental.

Había estado abrazada a Paula por más de dos minutos. No se soltaban, se besaban; la madre, madraza, la consolaba con sus brazos y el calor de su cuerpo mientras algunos curiosos y el periodismo observaba en silencio.

Paula llegó a pelear por la chance de otra medalla de bronce, como en Beijing. Pero, en tiempo extra perdió ante la belga Charline Van Snick, que se adjudicó el triunfo por doble penalización sobre la argentina.

Y abandonó el tatami con rabia, como un tanque de guerra dispuesto a arrasar con todo. Pero luego se calmó y enfrentó a los periodistas para contar lo que le había pasado.

"Me da mucha bronca perder así porque hice todo lo que pude", dijo "la Peque". "Si me ganaban bien quizá no salía llorando".

Pero lloró y terminó en los brazos de Mirta. Detrás de una de las tribunas de caño del pabellón 9 del estadio ExCel (un enorme edificio, subdividido en varios “Orfeo Superdomo”), la argentina sentía que le habían arrancado algo.

Habló de los jueces, insinuó que no fueron justos, se quejó de los favoritismos: “Estaba todo muy parejo y no quiero culpar a nadie, pero siempre los árbitros están medio complicados para nuestro lado”.

Futbolera

Pareto, fanática del fútbol (pero para jugarlo) mostró la bandera de su equipo, el “Paulita y el resto”, como símbolo de unión con su gente en Buenos Aires. Después se encerró con ella misma hasta que le avisaron que debía ir al control de doping. Entonces, su mamá caminó hacia el otro lado y se fue despacio, dejándola sola.

“Luego nos veremos. Seguro que me pide que le prepare alguna comida especial. Es muy buena mi hija y ha logrado muchas cosas”. Dijo y se fue.

La tigrense tardó un par de minutos en salir del control y prefirió escaparse de todo por una de las puertas de atrás del ExCel. No había podido cumplir el sueño de repetir la medalla que había conseguido en Beijing 2008.

Su pequeña figura, fruto de un entrenamiento estricto durante más de 10 años, no desentonaba en la tierra de las yudocas, mujeres de piernas cortas y torsos potentes, con brazos fibrosos y gestos de pocos amigos.

La tarde húmeda y fresca de Londres la recibió en la vereda. No era el escenario imaginado, pero la sonrisa no tardó en volverle.