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Entrenamiento full time

Eduardo y Lautaro Díaz comparten su pasión por el triatlón. El joven se clasificó a los JJ.OO. de la Juventud entrenado por su progenitor.

08 de mayo de 2010 a las 11:32 a. m.
Entrenamiento full time
Eduardo y Lautaro comparten mucho más que un hogar.

Eduardo piensa que su función de padre está en déficit y Lautaro no puede separar las horas de entrenamiento diarias de las 24 que encierran la jornada. Pero en ambos prevalecen otras cuestiones, como la alegría por la reciente clasificación a los Juegos Olímpicos de la Juventud de quien es ya la tercera generación de Díaz entrenado por su padre, o el llevar en la sangre esa pasión por el deporte.

Lautaro Díaz (17 años) es cordobés y el único argentino clasificado en triatlón para los Juegos de Singapur. Lo entrena su padre, Eduardo (43), quien practicó con grandes resultados la misma actividad y a quien entrenaba también su progenitor, Luis Roberto; quien a su vez era nadador de aguas abiertas y también había sido discípulo de su propio antecesor, Octavio.

"Los argentinos pensamos que la calidad empieza por afuera y nosotros lo implementamos al revés: la calidad empieza por casa –advierte Eduardo–. Esto no es sólo una cuestión técnica de entrenamiento, sino que tiene también que ver con todo el entorno: lo familiar, lo económico, las amistades, los tiempos, el sueño, la comida...".

El comienzo. Tanto Lautaro como su padre comenzaron a nadar acompañando a su progenitor a dar clases. "Después él me fue haciendo correr y me compró una bici. Digamos que me llevó 'engañado' hacia el triatlón", contó el joven mientras señalaba a su padre, y agregó que de chico lo acompañaba a las competencias y admitió: "Siempre tuve ganas de hacer lo mismo que hacía él".

Pero, ¿cómo manejan la dualidad familia-entrenamiento? "La doble función es una mezcla constante. El entrenador está siempre latente y me recuerda la conducta deportiva en las comidas, los momentos de ocio... Pero tampoco hay un momento en que yo no piense que me tengo que levantar temprano a entrenar o tener las cosas preparadas. Lo de hijo también queda medio al costado", dice.

Para "el Gato" la sensación no es tan diferente. "Es muy difícil separar las dos funciones. Creo que todavía no soy un buen padre. Prioricé su carrera por las necesidades que fue generando por entrenar fuerte. Ser padre y entrenador es difícil porque tengo que aceptar distintas situaciones, como su edad, sus gustos, y al mismo tiempo, encontrar la forma de convencerlo de cuál es el camino que tiene que tomar", reconoce.

–¿Qué es lo mejor que les transmitieron sus padres?–La cabeza, la decisión en las carreras. (Lautaro).–El poder de observación para poder transmitir. Saber que la continuidad era el secreto, hacer lo que te gusta y defenderlo a diario (Eduardo).

–Lautaro, ¿te gustaría continuar con esta tradición familiar?–Todavía no se me ocurrió tener un hijo (risas). Pero seguro que va a nadar. El deporte te da mucha salud. Después, no sé si voy a tener las ganas que tuvo él (su padre) de estar todo el día pensando en esto y viviendo para esto.

Tres disciplinas. Aunque se acercaron al triatlón de la misma forma, no comparten los mismos gustos. "Me cuesta mejorar corriendo y lo que más me gusta es la natación", cuenta Lautaro, a diferencia de su padre, quien aclara: "Yo tenía más facilidad corriendo y lo que más me gustaba era el ciclismo".

Tres rutinas. Lautaro se entrena ciclismo en la ruta y corre por la costanera, el predio del Jockey o la Ciudad Universitaria. Natación hace en el Taborin o en el club hípico.

Ensayo y error. "Muchas veces me quedo callado y dejo que se equivoque". (Eduardo).

Viajes. "Al principio era medio estresante viajar. Pero te vas acostumbrando y cada vez nos manejamos mejor". (Lautaro).

Voluntad en la sangre. "Nuestra familia siempre fue de machacar, de entrenar como bestias para poder nivelar las falencias genéticas".