Nada es para siempre: Del Potro y una lección de voluntad... y periodismo
Después de 33 meses, y de superar las persistentes lesiones, el tandilense conquistó el 19° título de su carrera.
Los periodistas deberíamos aprender a manejarnos sin pasión. Sobre todo en el deporte. Así, evitaríamos caer en la tentación de sentenciar en cada línea. El ejemplo más claro es el de Juan Martín del Potro, al que se dio por terminado en varias ocasiones. El mismo que podría convertirse, en pocas semanas, en uno de los más grandes de la historia.Del Potro estuvo virtualmente retirado del deporte por varios meses. Lo reconoció el propio jugador. Pero el acabóse había sido definido mucho antes. Por varios de nosotros.
Fuimos capaces de decretar el fin de su carrera, sobre todo en la Copa Davis, cuando perdió en Mar del Plata y dejó escapar (a decir verdad, todo el equipo lo hizo) la chance más clara de ganar el título.
Después, llegaría toda la telenovela de su renuncia al equipo, sus peleas, las idas y vueltas y las lesiones que lo metieron en un quirófano. Era demasiado. Ya no podría regresar. Su carrera se había terminado con un título de campeón en el Abierto de los Estados Unidos 2009 y algunos logros menores. Del Potro no se rindió.
Vaya a saber qué fuego interior lo mantuvo a flote cuando todo alrededor se le hundía y cuando el dolor de sus lesiones lo torturaba hasta ponerlo al borde del adiós.
El tema es para una tesis de psicología. Más que sobre el deporte, sobre la capacidad del ser humano de mantener la voluntad por sobre la razón.
No sólo no se rindió. Volvió, se recuperó, perdió el temor y hoy es uno de los mejores tenistas del circuito. Pocos casos como Del Potro para dimensionar el tamaño de sus logros. Pero no sólo eso. Ganó.
El domingo, fue campeón en Estocolmo y en los Juegos Olímpicos de Río, además de bajar a varios top ten, se quedó con la medalla de plata, poniendo a llorar a todo un país. Nuestro país. El que lo había olvidado.
¿Qué más le queda? La Copa Davis. La bendita Copa Davis, que ni Guillermo Vilas ni David Nalbandian pudieron levantar, vuelve a estar al alcance de Del Potro. Nada menos que en su año bendito, el del regreso, el de la gloria. ¿La podrá ganar? Croacia será la prueba.
Una prueba para nada imposible. Si Del Potro alcanza tamaño logro habrá entrado en el selecto grupo de los grandes del deporte argentino. Sin discusión. Del olvido y el retiro a la gloria grande.
Y entonces, todo aquello que se dijo irá a la papelera de reciclaje. Buena lección para todos. Buen ejemplo de que, en la vida, nunca nada es definitivo.

